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Con 35 años, trabaja en empresas de telecomunicaciones en Europa y además dicta curso en varias universidades, siendo profesor titular en algunas de ellas
¿Que te llevó a vivir en Letonia?
En mayo del 2004 fui a comenzar la labor apostólica del Opus Dei en ese país, entre hombres y mujeres éramos unos diez. En mi caso, trabajo en el mundo universitario como profesor e investigador, y hago consultoría para ONGs.
Pienso que para promover los valores cristianos son importantes la educación y la solidaridad. Por eso, hemos puesto en marcha un centro de educación para adolescentes y jóvenes, un grupo de padres está construyendo una residencia universitaria, hemos ayudado a publicar libros de espiritualidad y realizado muchas actividades como viajes solidarios, campamentos educativos, etc. Gracias a Dios, hemos sido muy bien recibidos tanto por católicos como por no católicos, que son la inmensa mayoría. ¿Como es Letonia para un Santafesino?
Es una experiencia muy enriquecedora que lleva consigo emprender algunos desafíos: la lengua (aquí todos hablan dos o tres), el clima (en invierno llega a 30° bajo cero, y sólo hay tres horas de sol), el trabajo, la cultura… con la ayuda de mi familia, de amigos, de las personas del Opus Dei, y de muchísima gente, hoy soy uno más, tengo residencia permanente, muchos proyectos y muchos amigos. Hay que trabajar, tener un poco de paciencia y, por supuesto, confiar en Dios. A veces es simpático organizar algún asado a mis amigos o armar un partidito de fútbol, para recordar costumbres argentinas.
¿Cómo te trató la gente de ese lugar?
Son muy respetuosos, pero sólo cuando pasa el tiempo y empiezan a ver que estás ahí para ser uno más, que hablás su mismo idioma y que tenés el mismo afán de poner el hombro que ellos, entonces te confían su amistad. Trabajo en la universidad letona más antigua (cumple 150 años en el 2012) y estoy muy integrado. Creo que los argentinos tenemos esa buena capacidad de integrarnos, nos gusta la diversidad.
¿Qué idioma se habla?¿Cómo te adaptaste a eso?
Me adapté estudiando. El idioma nacional es el letón (es uno de las dos lenguas indoeuropeas sobrevivientes) y se habla mucho ruso e inglés. Hoy por hoy, aunque con falencias aún, doy clases, escribo y coordino trabajos tanto en inglés como en letón. Actualmente estoy aprendiendo también ruso y, si Dios quiere, podré dar clases en ruso en un par de años. La forma de adaptarse es “sumergirse en el idioma”. No hay otra. Nunca fue un entusiasta de los idiomas, pero con garra salías adelante.
¿Cómo fue estudiar en Letonia y obtener un título de doctorado?
Fue un proceso gradual. Hice primero la maestría en negocios (MBA) en inglés en la sede de Letonia de la Stockholm School of Economics y luego inicié, por impulso de mi director de tesis de maestría, los estudios doctorales en la Universidad de Letonia. Al principio, en la Universidad pensaban que no iba a lograr escribir y defender la tesis. Yo pensaba que sí lo iba a lograr, pero ¡en un lapso de diez años! De a poco se fueron dando algunas oportunidades. Tuve el apoyo de una universidad de Estados Unidos (Center of Creative Leadership), de un equipo de investigación de una universidad de España (Universidad de Navarra) y cuando en la Universidad de Letonia empezaron a ver que la tesis venía bien, ellos mismos me apoyaron fuertemente desde el punto de vista financiero y con su equipo de profesores. Aunque escribí y publiqué mi tesis en inglés, la defendí en letón y en frente de un grupo de académicos notable. La defensa fue hace poco más de un año y, sin duda, es uno de los días más inolvidables de mi vida, pues fue como el momento – largo, dos horas! – del “lo lograste”. El tema central de la tesis es la importancia de los valores para formar líderes en todo tipo de organizaciones, y esto es, sin dudas, de capital importancia en la sociedad actual.
¿Qué es lo que más se extraña de tu país? Dejando de lado la familia
El mate, el dulce de leche… De Santa Fe me fui antes, en 1999, hace tiempo digamos que hice el duelo. Argentina es un país con profundos valores cristianos y una cultura de la familia y de la amistad que es difícil de encontrar afuera.
¿Cuáles fueron las costumbres que te llamaron la atención?
A los letones, y esto sucede en todos los países de la región, les gusta el sauna, el vodka, trabajar muy duro y hablar lo justo. Cuando comen, les gusta comer mucho y la comida está muy basada en sopas, papas y cerdo. Otra costumbre que tienen es el canto. Muchas personas participan en agrupaciones corales y una vez cada cuatro años se organiza el festival nacional del canto donde casi 20 mil personas de cientos de coros cantan juntas en un parque al aire libre. Hay un alto nivel cultural.
¿Cómo es tu vida allá?
Muy intensa. En realidad, mi rutina es muy parecida a la que tenía ya en Buenos Aires, sólo que debo andar más abrigado. Me levanto temprano, entorno a las 6. Antes de desayunar me gusta rezar un rato. Después, el día comienza con la lectura de las noticias y con un tiempo de estudio de idiomas. Luego lo normal: reuniones, clases, e-mails, llamadas telefónicas y gestiones concretas relacionadas con mi trabajo en la Universidad o mi consultora. Después del almuerzo, tomo un par de horas de trabajo en solitario en mi despacho: de ahí salen las ideas y los escritos. Hacia el final del día normalmente tengo reuniones con amigos o atiendo alguna actividad del Opus Dei. Los fines de semana suelo reservar un tiempo al deporte, ya sea fútbol o tenis, o ambos si es posible. Y siempre tengo a mano algún libro, novela u otra cosa, para despejarme.
¿Cómo es el hecho de dar cursos en otros lugares de Europa?
En este poco tiempo que llevo en Europa, he dictado seminarios o clases a personas de casi unos 30 países y de edades y perfiles profesionales muy distintos. El secreto para que vaya bien siempre es la preparación. Cada hora de clase implica mucho tiempo de trabajo, de práctica, de madurar los conceptos. Una gran parte de la preparación la dedico a pensar en los destinatarios, en cómo necesitan que les exprese las ideas, qué ejemplos pueden ser más clarificadores, en los términos que pueden ser claves, hasta debo trabajar muy bien mi movimiento físico y el tono de voz. Cómo la mayor parte de mi trabajo no es en castellano, parte fundamental de mi preparación es el idioma. No es raro que antes de dar un seminario, escriba completamente en papel en blanco palabra por palabra lo que quiero decir.
¿Que se siente ser un santafesino lejos de casa?
Yo soy un hijo de Santa Fe. Mi formación más importante la he recibido aquí, ahí está mi familia… lo demás ha complementado lo que yo ya era. Sinceramente, siempre tengo encendido el deseo de poder de algún modo devolver a Santa Fe lo que Santa Fe me ha dado. |