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17-01-2011 Contalo Vos
Cuando descansar... es descansar

Cada primero de enero, en el abrazo familiar de las 00:01 horas, sobran los deseos de felicidad y de buen comienzo de año. Así arrancó el mío. No alcancé a apoyar la copa del brindis que ya estaba subido al colectivo junto a Luciana, mi novia, rumbo a Mar del Plata. Sí, tan rápido arrancó el 2011 que hoy, recién a mediados de enero, ya estoy relatando mis vacaciones de verano.

La última vez que había pisado “La Feliz” aún no andaba en bicicleta. Era 1988 y el único recuerdo de ese viaje es una foto que obviamente yo no saqué y en la cual tampoco salí, pero anécdotas familiares confirman que estuve ahí.

Estas vacaciones fueron ligeramente diferentes a las de años anteriores. Los detalles atenuantes no son para nada menores, pero no dejan de ser detalles cuando uno está dispuesto a cambiar de aire y descansar: pareja en lugar de familia, ciudad por pueblo, y costa argentina en lugar de costa brasilera. Aún así, dejemos de lado obviedades de viajes que todo el mundo experimenta. De nada serviría contar sobre la playa, el sol, la peatonal, las caminatas o el mar. En cambio, brevemente quisiera poner la mira sobre aspectos más personales y susceptibles a compartir o disentir.

Cuando nos aventuramos por primera vez (y este fue mi caso) a pasar una semana sólo con nuestra pareja, en algún rincón de nuestros temores nos enfrentamos por adelantado a la sórdida sospecha de las conclusiones finales. Es sabido que en estos casos uno descubre matices y actitudes de la otra persona que a simple vista no alcanza a leer en el quehacer cotidiano. Para mi serenidad, y despejando la equis de cualquier injusta ecuación, de entrada me he topado con una compañera más amiga, más natural, secuaz y hasta más ahorrativa.

Del mismo modo, en ese estado de comodidad y complicidad, uno también destapa y manifiesta formas particulares que en principio le resultan ajenas. Nunca me había percatado de mi alto nivel de “cholulismo”. Sí, llegar a desear (¡desear!) una foto con alguna personalidad mediática o twittear en tiempo real que fulano o mengano esta almorzando en tal lugar, era impensado hasta el 31 de diciembre pasado.

Más allá de la ciudad, del clima o de la marea, y contando con una aliada fiel, estoy en condiciones de enumerar una serie de tips aprendidos e insorteables a la hora de planificar un viaje de este tipo: alojamiento (si o si) a no más de dos cuadras de la playa y de la zona comercial; si el hotel te dice que es de dos estrellas, en realidad es de una; como las celebridades del rock, usar en todo momento agua mineral para evitar descomposturas; llevar tres enchufes adaptadores mínimo, para los dos celulares y la planchita del pelo; al menos en Mar del Plata, el pronóstico del tiempo nunca acierta; y siempre, pero siempre, llevar en mano la cámara fotográfica porque algún famoso podés cruzar.

Y finalmente, recomendado tener paciencia si el destino de las vacaciones es lejos porque la ansiedad de a ratos te mata. Buena onda, es fundamental no enloquecer aunque el lugar donde vayas sea de esos superpoblados. Ganas, de todo, de conocer lugares, gente, de disfrutar del sol, de conocerte a vos también en un momento del año en que todas las exigencias se reducen al mínimo y sólo importa el placer.

Disfrutá tus vacaciones, yo mientras sigo recordando las mías...