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28-06-2012 Contalo Vos
Santa Fe siempre estuvo cerca

Muchas veces dicen que uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde. Ella, Indiana Roldán, fue en busca de su sueño y nos cuenta su experiencia de cómo es vivir en otro lado y venir sólo por unos pocos días a su ciudad natal.

Cuando tenés la oportunidad de viajar por placer o trabajo, ya sea por algunos días, semanas o meses, volvés a tu ciudad y ya entrando por los accesos, empezás a sentir que el aire de tu tierra es distinto. Santa Fe en particular a otras ciudades, aún hoy tiene la suerte de que esté menos contaminado.

Y desde esta simple percepción de sólo  ausentarte unos días, cuando es un tiempo el que dejaste de deambular sus calles y barrios, te encontrás con que  los sentidos cambiaron, que hay más o menos baches. Que geográficamente está creciendo, que sus plazas están más verdes, que la Laguna es más hermosa que nunca, que la isla es de un verde intenso. Hasta sentís que hay más gente de cuando te fuiste.

Algo así me sucede hoy en día, con la diferencia, que la vuelta a la ciudad, a casa, con la familia y amigos, ese lugar en donde uno se movía como pez en el agua, ha cambiado. Los tiempos que uno manejaba cuando estaba eran los mismo de todos, el ritmo de la vorágine del día era equitativo en la semana y los fines de semana era para disfrutar con los seres queridos. Hoy, arribar a Santa Fe, es llegar de invitado. En las vueltas de la vida, hoy me encuentro trabajando en un campamento minero como Bombero Rescatista, cercano a la pre-Cordillera de los Andes, a 250km de Malargüe, Mendoza y a cinco horas de Neuquén capital.

El paisaje en el campamento tiene la imponente figura del Volcán Tromen nevado, y con esa postal la jornada laboral es de veintiún días. Llega entonces  el franco, y cuando uno deja el bolso en la habitación, se encuentra que la casa tiene la misma dinámica que cuando uno estaba, los que estaban se van a trabajar y los que salieron temprano llegan para un himpas y seguir. Entonces uno hace de visitador, el celular no para de sonar para concretar encuentros para ponerse al día.

Las horas pasan volando, los días parecen no alcanzar para verlos a todos. Y cuando salís al centro o las avenidas, te encontrás con la gente que va y viene apurada,  que llevan un ritmo distinto al tuyo al andar. Que ahora mirás otros locales que antes los pasabas casi sin prestarles atención, que te parás  delante de las vidrieras en otro tiempo, que sentarte a tomar un café o salir a comprar es muy inusual, que empiezas a mirar como todo va pasando a tu alrededor desde otra visión, desde otra dimensión. Y claro, la diferencia es que uno se ha vuelto un turista en su propia ciudad.