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23-07-2010 Informe Central
Antes de la música, los lutieres

Suenas los tambores, las cuerdas, nace la música que agita los corazones. Y algunos se preguntan: ¿cómo hacen para que esos instrumentos saquen esas melodías, esos rítmos, esa manifestación humana? La respuesta está en el lutier, el fabricante de instrumentos musicales. Por ello O Sea se puso a buscar lutieres en Santa Fe y se encontró con varios de ellos que aquí cuentas sus experiencias.



Mateo Malato es lutier de instrumentos de percusión. Hacia su casa-taller fuimos para saber más sobre el oficio. Tiene 25 años. Y tiene algo en sus manos y en su corazón, que lo llevaron a convertirse hoy en uno de los lutieres de percusión reconocidos del ambiente en Santa Fe. “Empecé de chico, con mi primo, Facundo Bordas, que ahora está en Córdoba. Teníamos una banda y nos empezamos a meter en esto de querer saber de los instrumentos”, cuenta.

“Primero ahuecamos un tronco, conseguimos unas herramientas y, renegando, renegando, después vimos de qué se trataba darle forma. Empezamos a investigar e hicimos nuestro primer Djembé” (instrumento que toma su nombre del francés, también conocido como tam tam).

“Después comencé a interiorizarme y ahí fue donde lo conocí al Gringo, un hacedor de instrumentos que vive en Alto Verde y que es muy bueno en esto. Con él aprendí muchísimo y me enseñó parte de lo que se hoy”. En sus comienzos, Mateo se dedicó a esto casi por convicción. “Me daba placer hacerlo, quería aprender y hacerlos tal como me los enseñaban y fui aprendiendo. Desde mis primeros instrumentos hasta ahora, sé que he mejorado mucho, me he perfeccionado, he ido creciendo en la técnica, en las formas”.

Un djembé está hecho con un tronco de una sola pieza. “Lo que hago es ir ahuecando el tronco, le voy dando la forma por adentro, luego le hago el cuello, lo trabajo por afuera y después se le pone el parche de cuero crudo, no tiene ningún tratamiento. Para conseguirlos me meto en el campo y busco el material”, dice Mateo, mostrando parte de un instrumento acabado que se encuentra en el living. Se para, lo muestra parte por parte, y explica.

Lo que deja una crisis política

Cristian Silvestri encontró su oficio de lutier en el 2008, cuando se quedó sin trabajo. No sólo es fabricante de instrumentos, sino que deja una huella de su vida en cada uno que realiza. “Ser lutier implica no sólo conocimiento y dedicación, sino también paciencia”, asegura.

¿Desde cuándo y quién te enseñó el oficio?

Surge en el 2008 la curiosidad por la fabricación de instrumentos de percusión, especialmente el tambor. Ya que es un elemento vital en el conjunto de cuerpo de una batería, la cual toco desde los 16 años.

“El disparador de esta curiosidad fue el conflicto entre el campo y el gobierno, el cual me dejó sin trabajo. Aprovechando mi tiempo, me volqué a investigar este arte. Con mis conocimientos de la escuela técnica sobre maquinaria y procesos de fabricación, empecé a probar lo investigado, y eso me llevó hasta el día de hoy, que sigo investigando y probando”, relata.

“No me enseñó ningún profesor el oficio de lutier, lo fui gestando de forma autodidacta y con mucho ensayo y error, como así también con muchas ganas”, agrega.

¿Qué instrumentos fabricás o arreglás?

Fabrico tambores (snares) para baterías (for drumset). Porque es el instrumento que ejecuto y al cual le presto una importancia relevante desde los dos años de edad. Puede tener una recién a los 16 años. Hablo de la batería, que incorpora como uno de sus cuerpos principales al tambor o mal conocido como redoblante. Y no me voy a desprender de la batería, si la vida me lo permite.

En Rosario

Alejandro Llamosas (28) es un rosarino apasionado desde pequeño por la lutería. En sus palabras expresa la plenitud que le deja este oficio: “La satisfacción que te da saber que con un pedazo de madera, que alguna vez tuvo vida, logras construir algo tan preciado como un instrumento, para que esa madera vuelva a vivir, es única. El cruce de sensaciones que sentís cuando tocas ese instrumento, y le sacas sonido, es maravilloso”.

Su padre le enseñó a trabajar la madera desde chico. Años más tarde se aprendió música. Y luego fusionó sus dos pasiones. “Comencé a probar, fabricando, o intentando fabricar, partes de guitarras. La gente de mi entorno, que también estaba ligada a la música, solía traerme sus instrumentos para que yo probara de repararlos”, cuenta.

Un día Alejandro conoció un lutier en un encuentro de artesanos. Ese maestro le ofreció lo que necesitaba. “Charlando, y contándole mi situación, se ofreció a darme clases. Como él es de Olivos, provincia de Buenos Aires, tuve que viajar todos los meses. Paraba unos días en la casa de mi primo, que por suerte vive en Capital, y tomaba las clases. Esto lo hice durante muchos años”.

¿Es un oficio para vos, es decir se puede vivir de lutier?

Sí, por supuesto que se puede vivir de lutier. La lutiería es tal vez un oficio, pero que está más ligado al arte. Cuando conocí a mi maestro, él me dijo algo que, creo, respondería bien esta pregunta: “La lutiería es cara aprenderla, son caros los materiales, y son caras las herramientas; pero después, da sus frutos”.

Estos tres lutieres tienen mucho para contar. Y relataron muchos más detalles de los que se exponen en esta entrega. Si vos querés saber más sobre estas historias con fotos y videos, encontralas en las relacionadas.