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02-04-2009 Vamos las bandas
Construyendo una casa para el rock


Desde este viernes, con la actuación de los rosarinos de Vudú y los locales Gol de Chancho comienza el ciclo “Rock en Ruinas”, el ciclo de Maga Producción, el emprendimiento encabezado por el histórico bajista de La Cruda, Martín Zaragozi, quien también estuvo detrás de “Rock y Playa”, la actividad veraniega en el Parador Guadalupe.


En diálogo con O sea, el músico y productor relató las particularidades de esta iniciativa que busca generar un nuevo espacio para el rock, tanto para las bandas locales como para renombradas figuras de la música nacional

—Se anuncia como puntual...

—Va a ser los viernes de 22 a 1: ese es el horario para hacer los shows. Con La Cruda lo hemos tratado de lograr un montón de veces, cosa que fue imposible: concientizar a la gente de que los shows no son a las 4 de la mañana, porque la noche te queda en el medio, la gente vuelve tarde, los menores tienen problemas. Así, te vas a un boliche, podés aprovechar la noche. Y comercialmente conviene alquilar un local de 10 a 7.

Acá hay una falta total de espacios, y lo digo porque conozco el palo, sin dejar de tener en cuenta que la Municipalidad nos dio una mano copada a Maga Producción y lo que fue la playa: hubo flamenco y rock.

A lo que apunto con esto desde hace mucho tiempo es a dar con un lugar: encima ahora con el cierre de algunos locales emblemáticos, que de todos modos tenían sus complicaciones.

Entonces se genera un conformismo terrible. Nosotros hemos ido a tocar en Buenos Aires a lugares peores y con dos personas (porque alguna vez tenés que arrancar), pero no nos podemos quedar con eso. Lo digo porque con la banda siempre inventamos los lugares: tocamos en canchas de tenis, en la calle, en plazas (y no por la Municipalidad).

—Es cuestión de moverse...

—También es parte de esta época: te pensás que es Internet, el Myspace; y acá hay que laburar. Insistencia, convicción, pasos firmes, contactos, guita, suerte... muchas cosas.

Hay cosas que me dan bronca: tener que regalar una entrada, tener que cobrarla cinco pesos porque la gente no va. Yo soy músico a la vez, y no puede ser que la gente no quiera pagar una entrada, porque so no estamos devastando la cultura: nadie puede bancar un show, una gráfica, un corte de radio sin guita.

Hubo festivales donde a las bandas les pagaban 500 pesos y se quedaban tomando mate: le pagana a su stage, a su sonidista, y se conformaban con que les queden 200 o 300 mangos para comprar cuerdas o seguir.

No quiero que haya ese mal acostumbramiento. No espero que la banda vaya a hacer una nota: hablo con el diario, con las radios tengo las notas coordinadas. Les planteo a los músicos una manera en la que por un lado se respete esta estructura que estamos poniendo en sus manos: un boliche habilitado en el medio del centro, con una entrada relativamente accesible (, más un trago y entrada al boliche).

—La idea es generar una continuidad, ¿no?

—Esto tiene que ver con una cuestión personal de autodemostración de que las cosas se pueden hacer: compramos un escenario, los sistemas de sonido van a estar colgados. A mí me gustaría que sea el Willie Dixon de Santa Fe, vamos a poder meter hasta 1.200 personas.

Esto es a largo plazo, quiero que se genere algo como lo de la playa: que más allá del artista que tocaba la gente iba. Nunca se había aprovechado así con continuidad. La gente iba porque pasaba una buena tarde en un horario raro, los sábados a la tarde. Pero, ¿qué mejor un sábado a la tarde que ir a la playa, tomarte una birra, volver, bañarte, comer y salir?

—Más tarde la noche sigue...

—Después de la una de la mañana, de muy buena manera la gente de seguridad me va a llevar al público para el lado de San Martín. La barra de ese lado es mía, con un disc jockey aparte: es la parte del boliche donde siempre se escuchó rock. Lo vamos a decorar con cuadros de músicos (de todos modos todo el boliche los viernes es para mayores).

Vamos a poner la música de El Roxy: rock, pop; lo puse de DJ al “Gonza” Castelo (cantante de Limpiaisla); está Robert Calvi, el primer DJ que tuve en Saint Thomas. Aparte vamos a invitar a músicos que quieran pinchar discos: hacerlo nuestro.
Todas las noches va a haber un happy hour de tragos, aparte del trago que te regalo en la puerta. A esto lo estoy promocionando como “fiesta after rock”.