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07-05-2009 Vamos las bandas
Butumbaba: una escuela de vida

Con una década y media de vida, la banda santafesina (referente nacional de los ritmos jamaiquinos) ha vivido las experiencias más diversas: desde el éxito adolescente con un tema legendario a girar por México, pasando por años de cambios y búsquedas.


En esta nota, Cristian “Muñe” Cargnello (cantante y ex bajista del grupo), uno de sus miembros fundadores, relata algunos de estos viajes físicos y espirituales.

—¿Cómo fue la creación del grupo?

—Butumbaba viene de la separación de la banda La Iguana, primera agrupación que armamos con Hernán, mi hermano (conocido por entonces como “Porteño” y hoy como Nerón, al frente de Las Uvas de ídem). Si vamos al origen de La Iguana, era una época en la cual escuchábamos enfermizamente todo el día a Bob Marley, Todos Tus Muertos (en sus comienzos) y Sumo, además de punk nacional y español; y había una sala de ensayo económica, equipada con todo y sin saber tocar nada, nos juntábamos a jugar, en vez de ir a los videojuegos, nos llamaba la atención eso y claro, intentando sacarle algún sonido de reggae.

No había formación fija ni nadie sabía que tocar, ni pensábamos en cuanto duraría este entretenimiento. Nos turnábamos; “¡Pasame el bajo, la guitarra, la 'percu', la bata!”. Íbamos rotando, y lo mas cómico... ¡grabando!, ya que era un estudio de grabación, nos íbamos del ensayo con un cassete de cromo metal.

Se separo La Iguana, y con Hernán y Tincho renombramos a Butumbaba, recuerdo que una parte de la iguana armo otra banda llamada Black Maní, que duró muy poco. Se sumó de entrada Adrián en batería, actualmente en bajo, yo ocupaba el bajo, ahora la voz; en guitarra entro Gaby Canale, hoy en día un supremo guitarrista de tango. Mandy venia siendo invitado desde La Iguana, y siguió invitado un tiempo más, hasta que se hizo parte. Hay personas que extrañamos mucho; Lucho, Huevo, Japo, fueron parte de todo el nacimiento y de viajes y de las primeras experiencias.

—¿Cuál es el origen del nombre?

—Es un misterio para muchos: solo lo sabemos un par en la banda, siempre fuimos engañando al resto (risas). No sé por qué, pero es parte de un misterio que nunca quisimos develar, corren muchas versiones inventadas en su momento. Solo hay una clave, para llegar al fondo de todo esto:hay que ir por Santa Clara del Mar.

—Después de México vino un proceso de reconversión del sonido, la propuesta y la formación. Contanos algo sobre aquellos años.

—Así fue, uno empieza a aprender a tocar, y a ver que puede hacer cosas nuevas, o descubriendo secretitos, y empezando a experimentar de lleno con la música, a algunos quizás no le gusto este cambio de hacer música mas elaborada y empezando a decir cosas con otro sentido. Pero bueno, fue un proceso natural de crecimiento, y éramos la mayoría, por lo tanto, el tren siguió. Recuerdo que le íbamos a cambiar el nombre de Butumbaba a Skacharpas, éramos una banda muy metida en el ska en aquel entonces.

—Entre “Skacharpas” y “Majikakonvinazion” pasaron diez años. ¿Por qué semejante parate discográfico?

—Principalmente por cuestiones de cambios en la formación: músicos venían, músicos se iban; pasaron muchos por Butumbaba, algunos entendieron el concepto y quedaron, otros armaron su rancho aparte; otros pasaban un tiempo solo a juntar currículum.

La cuestión es que al no tener la banda armada lo suficiente como para pulir las canciones, no nos animábamos a entrar a grabar, por ahí salía que grabábamos un tema para algún compilado y quedaba; esto pasó varias veces, cosa que en “Majikakonvinazion” se nota: varias formaciones, en “Rocksteady times” por ejemplo Adrián tocaba la batería y yo el bajo aún.

—En todo este tiempo Butumbaba no dejó de estar en actividad. ¿Cómo se hace para poder seguir funcionando después de tanto tiempo?

—El gran secreto es el grupo humano, los que quedan en este tren son los que tienen el mismo concepto de trabajo y la misma comunicación musical; donde predomina la apertura de cabeza, donde todos están invitados a participar, donde disfrutamos completamente todos de cada canción, y si no es así, la vamos deformando hasta estar todos contentos al tocarlas.

Hubo un gran trabajo de doma de egos, de largas charlas a nivel humano, buscando siempre la vuelta, y además de crecer como banda, aprender a crecer como personas. Siempre digo que Butumbaba es mi escuela de la vida, es un micromundo en el cual encontrás de todo, y aprendes de respeto, de motivación, de bancarnos en las malas, y disfrutar en las buenas. Pasamos momentos de crisis, y salimos a flote, y no fueron pocas, eso nos hizo más fuertes: lo que no te mata te fortalece.