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18-11-2011 Vamos las bandas
Tras 17 años de ausencia Cuba visitó la tierra del Che

Silvio Rodríguez actuó este fin de semana en el Hipódromo de Rosario. Allí llevó un pedazo de la isla que lo vio nacer. Allí buscó encontrarse con la ciudad donde Guevara tomó la primera bocanada de aire que le dio vida. Allí se brindó humilde, generoso y por completo a un público que lo esperaba hace tiempo.

El show que el más grande cantautor de la trova cubana dio este sábado en Rosario fue emotivo, austero, diverso y cautivante. Tal la personalidad de Rodríguez aunque se empeñe en ocultarla tras un gesto a veces adusto que por esta vez decidió dejar en otra parte.

Acompañado por Trovarrocco compuesto por Rachid López Gómez -guitarra de concierto-, César Bacaró Lainé -bajo acústico- y Maike Elizarde Ruano -guitarra tres-; la flautista y clarinetista Niurka González y Oliver Valdés en batería y percusión; el autor de “Ojalá” y tantas memorables canciones conformó tres horas de pura música y unas pocas palabras dichas sin compás y con precisión suiza.

En el claro de la luna, hizo que desde el inicio se respire un claro mensaje. En el escenario el artista invitaba a su público a soñar con todo lo posible. A soñar hoy el mañana y a buscar ese sueño sin pausa. Al final de su primer tema saludó a Rosario, reconoció sus años de ausencia en el lugar y reivindicó las luchas de su pueblo cubano que “está cambiando pero mantiene los mismos principios”.

La emoción del reencuentro se vivió durante todo el recital. Cuba siente a Rosario como una parte suya y claro quedó que el sentimiento es recíproco con cada ovación que el público dedicó al trovador.

Los de siempre y una primera pausa

“Sea señora”, “Carta a Violeta Parra” fueron el preludio de “Cuentan” -adelanto de su próximo trabajo discográfico-, “Virgen de Occidente”, algunos clásicos históricos como “De la ausencia y de ti Velia”, “Días y flores” y “Mariposas”.

La pausa llegó para dar paso al primer invitado de la noche. “Amaury Pérez”, dijo Silvio, y el hombre canoso y corpulento se volvió pequeño para decir que era para él un sueño tocar en la ciudad del Che. “Cuando lo cuente en Cuba, mi familia no me lo va a creer. Estoy sumamente nervioso”, confesó antes de interpretar “Acuérdate de Abril”, “Hacerte venir” y “Amigos como tú y yo”, que compuso junto a Rodríguez para un programa que Pérez condujo en Cuba “a lo Susana Giménez pero más intelectual”.

Pasan los años y un enorme movimiento cultural cubano mantiene en su discurso las banderas de siempre. Tras interpretar “Sonrisas de papel”, llegó “Canción del elegido”, escrita originalmente para el Che, que Silvio dedicó a los Cinco Cubanos -Antonio Guerrero Rodríguez, Fernando González Llort, Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar y René González Sehwerert- presos en EE.UU. por infiltrarse en el país del norte para detectar actos terroristas contra Cuba.

Siguieron luego “El mayor”, “La gaviota” y “El reparador de sueños”. “Esa canción la cantan los niños en Cuba, ésta no”, dijo desde el micrófono antes de interpretar “Óleo de mujer con sombrero” en una versión jazz.

Más clásicos, más invitados

Sonaron luego más clásicos como “Escaramujo”, “Quién fuera” y “La maza”. Como antesala para la presentación en escena de dos jóvenes músicos cubanos que cada tanto visitan nuestro país, Santiago Feliú y Yusa -con un bajo que resultó el único instrumento no acústico de la velada-. Tocaron dos canciones que llenaron de energía la noche.

El comienzo del final fluctuó entre clásicos que el público cantó con entusiasmo y algún tema más de su último CD, “La era está pariendo un corazón”, “El necio”, “Demasiado” y “Ojalá”. Para la despedida eligió “Pequeña serenata diurna”, “Con un poco de amor”, “Ángel para un final”, “El papalote”, “Santiago de Chile”, “Casiopea” y “Paula”.

La elección de temas fue más pensada hacia lo que el público que tanto extrañaba a su trovador quería escuchar que para promocionar su Segunda Cita. Fue un Silvio reconciliado con temas viejos que alguna vez aseguró no disfrutaba cantar como antes. Fue volver a escuchar esas canciones que hoy el músico presenta con leves variantes y en nuevas versiones. Fue para muchos escucharlo con los ojos cerrados para trasladarse algunos años atrás y volver a mirar con ojos de asombro las simples canciones que llenan el alma.

Fue impecable desde todo sentido. Rodríguez se mostró encantado de estar allí, se acopló como guitarra secundaria y dejó de lado su rol protagónico en la ejecución para abocarse de lleno a interpretar cada canción con su voz cálida y temblorosa. Tenía un encuentro pendiente con el público de Santa Fe y saldó esa deuda con creces.