Escuela y tecnologías: ¿nuevos medios o nuevos miedos?
Lic. Santiago Passeggi santipasseggi@gmail.com
Generalmente cuando surge la posibilidad de incorporar las nuevas tecnologías a las prácticas educativas, los docentes solemos oscilar entre dos extremos. O adoptamos una actitud reticente y prejuiciosa, rechazando en bloque aquellos soportes que no manejamos. O bien experimentamos un exagerado embelesamiento hacia todo dispositivo tecnológico que se acerque al aula, y sin mediar demasiada reflexión lo ubicamos en un sitio privilegiado.
 
En ambas posiciones extremas la experiencia docente nos termina alejando de nuestros alumnos, muchos de los cuales han accedido activamente a las nuevas tecnologías cuando todavía usaban chupete. Es decir, las generaciones que hoy ocupan nuestras aulas están constituidas por un “gen tecnológico” (si se permite la digresión científica) que las distingue de quienes hoy somos sus docentes. O al menos, de aquellos docentes que crecimos con la radio y la televisión como los grandes paradigmas tecnológicos de nuestra época.

Alicia Entel no duda en afirmar que gracias al avance de las nuevas tecnologías, “los humanos ya somos otros seres humanos”. Parafraseando a Entel me animo a decir que “nuestros alumnos ya son otros alumnos”, y no los alumnos que nosotros fuimos. Y esto supone, entre otras cosas, animarnos a realizar una revisión de lo que hacemos en las aulas con ellos.

Por un lado, quienes rechazan rotundamente los nuevos dispositivos tecnológicos en el aula, desaprovechan un potencial inagotable de recursos capaces de generar instancias de abordaje multisensoriales y de promover una atractiva síntesis entre experiencias emotivas y conocimientos. Con este desprecio a la tecnología sólo se abre una brecha cada vez más insalvable entre el aula y lo que transcurre fuera de ella.

Por su parte, quienes rinden un culto a las nuevas tecnologías educativas y las incorporan al aula sin considerar sus limitaciones, sus alcances y su potencial; terminan convirtiendo la práctica docente en una mera instrumentalización de la enseñanza. En otros términos, se confunden “medios con fines”, y la relación entre educadores y alumnos deja de estar “mediada” por las tecnologías, y pasa a estar “dominada” por su fascinante seducción. Con este “endiosamiento” de los instrumentos sólo se logra que el valor humano de la enseñanza y el carácter social del aprendizaje sólo sean buenas intenciones. Y por añadidura, todo esto alimenta “el empobrecimiento de la capacidad de entender”.

Por ello quisiera situarme en un lugar intermedio, no para eludir la polémica, sino porque entiendo que gran parte de los nuevos soportes tecnológicos que hoy nos rodean deben ser incorporados al aula a partir de una rigurosa racionalidad pedagógica. Ni despreciarlos, ni acogerlos ciegamente. Sino tratando de “mediar” con ellos nuestras prácticas, toda vez que nos permitan acercarnos al fin último de nuestra actividad: un aprendizaje situado, significativo y transformador.

Entretenimiento y aprendizaje

Sólo a modo de ejemplo, los videojuegos consumen gran parte del tiempo de nuestros chicos a la hora del esparcimiento y la diversión. Alguien podría censurarlos por esto. Pero a su vez, los videojuegos constituyen entornos virtuales y multimediales donde convergen códigos muy variados: imágenes, movimientos, sonidos, música, textos, colores, figuras, nociones espaciales y temporales, etc.

Sumemos a esto la interactividad, la necesidad de tomar decisiones, el manejo de la motricidad fina, la búsqueda de caminos alternativos, la memorización, la aplicación de ciertas operatorias simples, la utilización de la lógica en la resolución de situaciones, etc. Y agreguemos, por último, su carácter lúdico, la utilización del juego como principal argumento motivacional.

Si pudiéramos trasladar todo este potencial del videojuego a las prácticas docentes, siempre desde una rigurosa racionalidad pedagógica, ese mismo dispositivo que censuramos y criticamos en un sentido (el del entretenimiento) puede abrirnos un potencial inimaginable en otro (el del aprendizaje). De hecho, algunas experiencias ya dan cuenta de enormes ventajas en el uso de este tipo de soportes en el aula.

Sólo nos queda preguntarnos... ¿Nos animaremos en la escuela vencer esos miedos? ¿Podremos finalmente dar ese paso hacia los nuevos medios? Si bien no tengo la respuesta, bien valen estas preguntas para comenzar a buscarla.
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