Jugado por la matemática
Andrés Valenzuela (19) es ex alumno de la escuela Normal Superior “Gral. San Martín”. Cuando era alumno participó de las primeras jornadas de Matemática jugada que se realizaron en la escuela. Hoy Andrés es estudiante de Profesorado de Matemática para la Educación Secundaria en el Instituto de Formación Docente Nº 32 “Gral. José de San Martín”, trabaja como vendedor ambulante de helados, juguitos y golosinas, y vive junto a sus padres y sus seis hermanos en barrio Hipódromo.
 
La matemática siempre me llamó la atención, sobre todo la parte lúdica, me gustaba desde chico resolver problemas de ingenio y hacer todo tipo de cálculos, había veces que no tenía elementos como para atacar un problema y buscaba en algunos libros cuestiones matemáticas que me ayudaran.

Cuando cumplí 18 años dos docentes con los que nos juntamos cada tanto y que mantenemos un vínculo de amistad muy grande me regalaron unos libros, pues sabían bien que, a pesar de mi poco tiempo libre, me dedicaba a leer y que realmente me fascina. Me regalaron tres, entre ellos había uno que se titula “Matemática, ¿estás ahí?”, que me despertó cierta curiosidad más que los otros (aunque debo admitir que los otros eran también libros interesantes), por lo que al establecer un orden para leerlos, lo puse en primer lugar.

A raíz de la lectura fue que tuve una visión diferente de la matemática: me gustó la idea de “matematizar” la realidad que plantea el autor y la calidad con que intenta transmitir el conocimiento, pero no había terminado la secundaria todavía y, con la infinidad de oferta educativa que recibíamos constantemente, era muy difícil elegir algo para estudiar.

Parecía que aquella impresión causada por la lectura del libro hubiese quedado dormida por un par de meses, hasta el año siguiente que empecé quinto año de la secundaria.

Durante toda la secundaria había tenido buena calificaciones, especialmente en matemática, es más, había decidido estudiar una licenciatura o algo parecido, algo que tenga que ver con producir conocimiento (tenía la idea de ser un “científico loco”), pero en quinto me encontré con un profesor que insistió acerca de mis habilidades y sobre mi elección (hablo de mi ex profe y amigo Diego Díaz) y para completarla me puso en la libreta de calificaciones la nota mas baja que pude haber tenido en matemática con el argumento de que en las clases me hacía el vago. Tenía razón, de todos modos estábamos en quinto, la idea era terminar la secundaria para conseguir un buen trabajo para pagar la universidad. Estaba claro el mensaje que me intentó transmitir, me comentó que en la institución funcionaba a la noche un profesorado de matemática y que le gustaría que alguno de sus alumnos esté interesado en hacerlo.

La vocación

En el transcurso de la jornada de matemática jugada que se realizó en 2010 (cuando yo cursaba quinto año), recorriendo los stands, encontré uno que decía: Taller de resolución de problemas. Demás esta decir que me llamó demasiado la atención. Luego de resolver unos problemas y sorprender a las referentes del stand (dos chicas del profesorado de matemática), entablamos un diálogo y les comenté mi inquietud por las matemáticas y mi fascinación por la idea de que haya gente que haga ese tipo de actividades (o sea, crear juegos con la intencionalidad de acercar la matemática de una manera distinta a la que se presenta en la escuela) y que me gustaría poder hacer lo mismo algún día, fue entonces cuando una de las chicas dijo: “Qué bueno, entonces te podías anotar al profesorado de matemática, si eso es lo que te gusta, seguramente vas a ser un buen maestro”.

Quedé en que lo iba a pensar y efectivamente lo hice, anduve con lo que me había dicho en la cabeza por un par de días, hasta que al final me decidí. Si tengo que decir cuál fue la incidencia de la Matemática Jugada en mi elección, te diría que fue la gota que rebalsó el vaso.

Entusiasmo

Me parece que el miedo o la falta de entusiasmo por la matemática en general pasa, por un lado, por una cuestión del docente; según mi criterio, debería ser él quien transmita la pasión por la matemática partiendo desde una presentación no tan estructurada de los contenidos. Ojo, no digo que la haga lo más light posible, lejos esté ello de mí. Me refiero a que todo puede ser atacado desde el punto de vista lúdico, que puede resultar, a mi criterio, más fácil de entender.

Por otra parte, creo que la sociedad en que vivimos tiene la mayor parte de responsabilidad, dado que el desarrollo de los medios de comunicación, principalmente de internet, hacen que las personas estén más preocupadas en tener artefactos y bienes de última tecnología y dejen de lado actividades que favorezcan el desarrollo del pensamiento, actividades tales como leer un libro, charlar con los padres o participar de debates.

La barrera del miedo

Me parece una buena idea el hecho de que se realice la Matemática Jugada porque se rompe un poco con el esquema que se plantea en la escuela. De acuerdo con lo que observé en la última edición, los chicos se acercaban un poco por compromiso y después de ver que podían resolver un problema “jugando a hacer matemática” les despertaba curiosidad y ya no importaban las gastadas de los inadaptados de siempre, sino que, más bien, resultaba enteramente atractivo, a tal punto que algunos preguntaron ¿vienen mañana de nuevo? Eso da cuenta de que algo rompió con el miedo, porque si alguien tiene miedo, directamente ni pregunta.

La táctica Paenza

Lo que intenta transmitir el periodista Adrián Paenza me parece súper genial, porque, ¿qué persona no se siente atraída ante semejante explicación de algo que tiene relación con la cotidianidad? Lo fantástico es que se encuentre una explicación matemática sin recurrir en demasía a fórmulas y números. La fluidez con la que explica cada caso hace que el receptor no se aburra, sino que el universo matemático le despierte curiosidad. En el fondo lo admiro y lo tomo como uno de mis mejores referentes en lo que hace a la actividad docente, me gustaría alguna vez conocerlo.

Aprender a quererla

¿Qué le diría a un chico que todavía no se enamoró de la matemática? Le diría que si la matemática le parece aburrida, intente buscar ésa faz lúdica de la que he hablado, y que ante la menor duda, pregunte, porque siempre va a haber alguien que responda a sus preguntas, y si todavía no ha aparecido esa personita que le despierte la curiosidad por el mundo matemático, no desesperen, porque tarde o temprano va a aparecer, y cuando lo haga, va a ser una de las experiencias más bonitas que tiene la vida. Las cosas más lindas siempre demoran en llegar, pero cuando llegan dejan huellas imborrables.

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