Márgenes del retoque fotográfico
La fotografía se diferencia del texto en una serie de aspectos, pero su analogía con lo representado -a diferencia de la arbitrariedad que surge del vínculo entre literatura y realidad-, es tal vez su característica más evidente. Esta particularidad de la fotografía garantiza la veracidad del testimonio que presta. Por décadas, la imagen capturada en película se exhibió como prueba de la realidad mostrada y no hubo mayores desacuerdos con ello. Sin embargo, con el arribo de la fotografía digital y las múltiples posibilidades de intervención que ofrece, se comenzó a discutir tanto sobre su naturaleza objetiva como sobre los márgenes de intervención “permitidos”. Y como en tantas otras cuestiones de la vida, la respuesta podría encerrarse en un lacónico, complejo y simple: depende.
 
Por José Gabriel Vittori*

Indudablemente, el propósito con que se utiliza la imagen determina su maleabilidad. Así las cosas, la fotografía periodística admite un grado de ajuste infinitamente menor que la artística, o que incluso la foto editorial. Podemos asegurar que la imagen que se exhibe en la página de un diario o de un sitio de internet certifica aún la realidad de lo mostrado, mientras que la imagen artística no conserva esa necesidad.

Enfoquemos sobre la imagen periodística. Existe una primera escala de intervención, que es puramente geométrica aunque puede afectar a su contenido, la edición (recorte) y la nivelación del horizonte tienen relación con valoraciones de orden compositivo. La imagen se expone en un contexto estructurado en el que la información se presenta en una sintaxis que le brinda coherencia y legibilidad. Por ello, se busca mostrar el contenido de la foto con proporcionalidad al tamaño asignado y se intenta devolver el horizonte a su base natural. De esta manera, se evitan ruidos innecesarios en la percepción de lo expuesto.

En un segundo nivel de operación, se afectan los valores tonales y cromáticos de la imagen, y esto último tiene relación con dos cuestiones. Por un lado, el medio en que va a ser publicada requiere una adecuación de esos valores a las características de reproducción que le son propias. Los monitores comunes reproducen un espacio de color mucho más amplio que el papel prensa, y su relación de contraste lo supera varias veces también. Esto significa que, mientras la mayoría de las fotos pueden publicarse en internet prácticamente sin retoques, el papel de diario exige un ajuste de manera ineludible.

Por otra parte, existen ocasiones en que el tema fotografiado aparece disminuido en relación a elementos secundarios de la imagen por razones vinculadas a la luz, la composición o el enfoque. Esas circunstancias reclaman un ajuste puntual para enfatizar la figura sobre el fondo. No se trata aquí de modificar la naturaleza física de la imagen en tanto huella real de la escena, sino simplemente de volver visible aquello que esconde en segundo plano por limitaciones de orden técnico al momento de la toma.

¿Y la foto artística?

Resulta una obviedad asegurar que el arte no reconoce limitaciones de ninguna índole para construir sus representaciones, por lo que la fotografía artística tampoco. Algunos sostienen que la utilización de la herramienta informática para modificar una foto es una expresión de haraganería, que no puede haber arte en una instancia binaria. En lo personal, creo que se trata de una idea equivocada pues supongo que lo trabajoso yace en la definición de un concepto mediante la síntesis visual, y lograrlo a través de ingenios que demandan cierto grado de conocimiento, le agrega mérito. Considero que el arte vehiculiza ideas y modos de ver, así es que aparecen personas que lo logran con mayor o menor éxito, que consiguen sintonizar una fibra de nuestra percepción y la hacen vibrar significativamente mientras que otros, no. Entre los primeros, identificamos sin dificultad a Sergio Fasola y Marcos López, dos santafesinos ampliamente reconocidos dentro y fuera del país por su producción artística.

La idea de que el arte posee una voluntad de trascendencia, es decir que completa su sentido una vez que comunica, impregna a la fotografía en todos sus usos e invade al mundo periodístico de manera expresa. Y allí encontramos una especie híbrida, un género mestizo que utiliza recursos artísticos y que aún así consigue un espacio propio, se trata de la foto editorial. Es una imagen operada de manera tal que comunica una idea del autor o del medio, y que normalmente completa su construcción con una pieza textual. Página 12 fue probablemente el primer diario del país en ofrecer una tapa casi todos los días con una foto de este tipo. Más tarde, algunos humoristas, como Nik en La Nación, comenzaron a utilizar la foto del mismo modo y con diversos grados de acabado. Esto tiene una limitación tácita pero clara, las fotos editoriales deben ser fácilmente reconocibles como tales. Vale decir que un fotomontaje no debe dejar espacio a que se lo confunda con una toma original, y si así fuera, debe ser aclarado en el pie.


*José Gabriel Vittori es Editor fotográfico del diario El Litoral, Licenciado en Comunicación Social.

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