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| Cambio... afuera |
Intercambios estudiantiles. Cada año, alumnos universitarios de distintas carreras y facultades de nuestra ciudad viajan al exterior para perfeccionarse, conocer y convertir sus vivencias en experiencias de vida. O Sea conversó con algunos de ellos para conocer un poco más sobre lo que implica asumir el desafío de estudiar por un período en otro país: sus ventajas y desventajas, los miedos, las alegrías y los recuerdos.
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Esto de desestructurar completamente la vida me sonaba raro y a su vez espectacular, ir a un lugar donde la cultura sea totalmente diferente, me llamaba muchísimo la atención. Siempre me llamó mucho la atención de que haya otros modos de vivir. Cuando fui a Mina Gerais la experiencia fue increíble, tanto en el ámbito personal como en lo académico” cuenta Lina Leiva, estudiante de Derecho de la UNL; quien en 2006 se presentó a la convocatoria de becas de la universidad y tuvo su posibilidad de viajar.
Tomar la decisión Romina Agostini tiene 23 años, vive en el barrio Guadalupe Oeste y cursó sus estudios secundarios en el colegio Verna. Desde hace seis años es alumna de la carrera de Terapia Ocupacional de la Universidad Nacional del Litoral. El año pasado, y durante seis meses, vivió la experiencia del intercambio estudiantil en la Unidade Saúd Escola, un centro de rehabilitación en el Estado de Sao Pablo. “Vi la convocatoria y llené los papeles sin pensarlo mucho. Unos meses después, mientras organizaba el resto de mi año académico, decidí llamar a la facultad para preguntar si había novedades y así me enteré” dijo. “Creo que si lo hubiera pensado más, tal vez no iba al final”. Agustín tiene 27 años, ya está recibido de Ingeniero Civil en la UTN, Regional Santa Fe, pero tuvo su oportunidad de viajar a Alemania en Septiembre de 2004 cuando todavía le faltaban 13 materias para terminar su carrera. “Me movía la idea de hacer una prueba de tipo académica en otro país por la formación, poder viajar. Es un desafío muy serio, por eso creo que la edad para tomarlo es la que teníamos nosotros en ese momento, 23- 24 años”. La beca que Agustín recibió fue a través de un convenio que tiene la UTN con la Daad (Servicio Alemán de Intercambio Académico, por sus siglas en alemán). “Me postulé en marzo de 2003, y el viaje fue recién en septiembre de 2004, hubo un año y medio de mucha preparación”. En el caso de Nazareno fueron los afectos los que le dieron el primer empujón “tuvo mucho que ver mi novia, Mariana, que me insistió con que debía inscribirme, que estas oportunidades no hay que desaprovecharlas. Uno siempre se entera de que es posible acceder a un intercambio, pero cuesta dar el paso inicial” señala este estudiante de Ingeniería Química e Ingeniería en Alimentos de la UNL que estuvo en Madrid en 2007. Todos los becarios debieron presentar en sus respectivas universidades formularios, papeles, currículums y manifestaciones personales que los movían a realizar las becas. La primera selección se realiza por CV, pero luego se tienen en cuenta otras cosas como interés, adaptación al medio, los motivos personales.
¿Ehh cómo se dice? “Siempre me costaron los idiomas (incluso el español), así que la idea de una beca en Alemania me parecía un tanto remota, pero a pesar de ello, cuando estaba cursando segundo año de la facultad empecé a estudiar alemán. Ya cursando quinto año y habiendo sido preseleccionado para la beca comencé a estudiar alemán con más dedicación. Finalmente al año siguiente rendí el examen de alemán y viajé a Alemania el 26 de agosto del 2007”, cuenta Lucas Gagnetén de 24 años, estudiante de Ingeniería Eléctrica de la UTN. Al igual que él, Agustín Botteron tuvo que perfeccionarse en el idioma porque es requisito fundamental el manejo del mismo para conseguir la beca. Para Romina no fue tan sencilla esa barrera, “para mí era súper difícil levantarme y hablar portugués y a las 11 de la noche ya no podía decir ni una palabra de lo cansada que estaba mi mente. Después de dos meses ya soñaba en portugués así que fue nada más pasar esos días y todo estuvo bien”. “No hablo bien el idioma, evolucioné, pedía que me hablen despacio, mezclaba los dos idiomas (portuñol) y las chicas me corregían y así pude llevarla bastante bien. Algunos ya estaban acostumbrados” recuerda.
A la hora de volver Muchos de los estudiantes mencionaron que a lo largo de los meses se empiezan a extrañar algunas cosas, Romina lo sentía con su familia, Nazareno extrañaba la carne argentina. O como en el caso de Lucas que cuando llegó a Santa Fe se dio cuenta que las cosas no habían cambiado tanto. “Hay una frase de un poeta sambista brasileño, Paulinho da Viola -y que Lina Leiva nos recuerda: "voltar quase sempre é partir para um outro lugar" (Volver casi siempre es partir para otro lugar). Es como emprender otro viaje. Se da esta desestructuración, seis meses parece que fueran seis años por todo lo que aprendiste y todo lo que tuviste que conocer, tanto de uno mismo como de lo que te rodea”. |
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