| Ely comenzó sus clases de baile poco después de comprender que había algo en ella que la llamaba a compartir la tradición, la música, los sonidos y los silencios del folclore. Parte de una familia de folcloristas, ella aduce que ninguno de los miembros, la presionó para que se inclinara a la danza, pero alcanzó un repiqueteo, un buen zapateo y unos pañuelos al viento de su corazón para que decidiera que ella también iba a transitar el camino del gato, la chacarera y ser parte de cuanto baile se armar debajo de un escenario principal. Si la familia no tuvo nada que ver, alcanza con decir que tomó clases con su abuela en el mismo instituto donde su mamá recibió el título de profesora de danzas folclóricas.
El que lanzó la piedra y llegó hasta O Sea, rompiendo el delgado cristal que a veces separa el medio de la sociedad, fue Cristian a simple viste un melenudo de rulos, con una sonrisa grande y silenciosa. De aspecto tranquilo pero firme en su convicción de que llevar el folclore a todos, sólo será posible contando qué hacen y como lo sienten. Por eso comenzó a hablar… “si te cuento te vas a reir, en mi fue algo muy paradójico porque escuché a Peteco Carabajal (uno de los referentes de la movida joven el folclore –aunque él ya no es tan joven-) por primera vez de la mano de un amigo que es guitarrista de una banda de rock…” y sigue en la misma línea “me pasaba que cuando lo escuchaba lo quería bailar, me pasaban cosas y me gustaba. En el medio me contacté con otra gente, que tenía la costumbre de participar en peñas, de ir a festivales y empecé a moverme en el ambiente, a ir a las peñas… es como un sub mundo” dice.
|