| Uno de los problemas ambientales con el que se enfrentan las grandes ciudades hoy en día es el de tener que resolver qué hacer con la basura que se genera a diario.
Más allá de la que todos los días sacamos en las bolsitas de casa, en la vía pública queda estancada la muestra de que mucho no nos importa el tema y que siempre es más fácil tirarla al piso, antes que tener una conducta responsable.
O Sea hizo una recorrida por la peatonal San Martín de nuestra ciudad un viernes a la tarde, cuando cientos de jóvenes se amontonan desde muy temprano. Con la mirada fija en el piso se pudo comprobar lo poco que nos importa conservar limpio el medio en el que vivimos. Papeles, bolsas, envases plásticos, folletos y todo lo que pase por las manos de los peatones y moleste va a parar al suelo. Cabe aclarar que la de arrojar sobras a la vía pública no es una conducta que se le pueda atribuir solamente a los jóvenes; al contrario, es un mal de muchos o de todos.
Es llamativo cómo reacciona una persona cuando se le hace notar su actitud de dejar caer un papel al piso; inmediatamente una cara de “yo no fui” se hace visible y el resto es chamuyo. Nadie se hace cargo...
Así pasó con Yamila y Jakelina, de 15 años. Las dos son alumnas de la escuela Almirante Brown. Segundos antes de charlar con O Sea, habían dejado caer algunos volantes —de esos que nadie lee— al suelo.
“No sé qué pasa con el papelito después de que lo tiro al piso, pero no siempre hago eso, antes trato de encontrar un basurero pero si no lo hallo lo tiro”, aseguró Yamila, aunque dijo también que “en el colegio nos enseñan mucho sobre los daños que causa la basura y también acerca de la importancia de separar los residuos”.
Su compañera comentó algo parecido: “Siempre que estoy comiendo algo trato de encontrar un basurero y si no, también lo tiro a la calle”. Imaginemos si se repitiera esa actitud con cada uno de los santafesinos que conviven en esta ciudad: estaríamos tapados de basura... aunque lejos, no estamos.
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