| Cada dos años, el arte integra a la ciudad, la recrea y la desnuda tal como es. O tal como la ven los cientos de jóvenes artistas que se movilizan cada dos años para mostrar y mostrarse, para ver y ser vistos. Así los espacios se van completando, y la intervención del arte sobre lo cotidiano seduce a toda una ciudad, una región que recorre, busca y participa.
“La Bienal de arte busca generar y sostener un encuentro para los jóvenes que sea participativo y activo, pero que además sea de estímulo y formación; existen en este marco competencias de distintas disciplinas, exhibiciones. También hay otra etapa importantísima para nosotros, que son los talleres, seminarios, cursos, charlas donde se apuesta a la formación de los artistas jóvenes para darles las herramientas que posibiliten su perfeccionamiento y sea un lugar para generar debates sobre el estado del arte y de muchas expresiones nuevas que se generan año tras año”. La voz pertenece a Marilín García, quien desde hace años trabaja en la Secretaría de Cultura de la UNL y desde allí coordina la Bienal de Arte Joven. La actividad es organizada de manera conjunta entre la Universidad Nacional del Litoral y la Federación Universitaria del Litoral.
Edición tras edición, el registro de inscriptos se ha incrementado en números que cada vez son más alentadores, pero que reflejan también la necesidad de expresión, de participación. Asimismo se da un fenómeno más que interesante: “Hay casos de artistas que ya se han presentado en reiteradas ediciones y vemos cómo van evolucionando”, señala Marilín.
“Ganamos en el año 2006, pero esa no fue nuestra primera Bienal señalan los músicos de Toponauta, que en la VII edición se quedaron con el 1er. premio en rock-; en la de 2002 no superamos la preselección, en la de 2004 sacamos la Primera Mención (compartida), y nos veíamos con confianza para lograr algún otro reconocimiento en el 2006; pero no esperábamos el premio”, cuentan los músicos hoy radicados en Buenos Aires, que tienen un CD que hace poco vio la luz: “Guiso”. Aquel puesto, les significó ser teloneros de Los Cafres en el cierre de la edición.
Pero tal como también señala Marilín, otros crean (o recrean) sus trabajos “exclusivamente pensando en la Bienal”. “La idea de participar surgió de mi hermano quien revisando algunas sesiones de fotos que yo había hecho se interesó y me contó de la Bienal de arte. Me pareció una buena oportunidad para difundir alguno de mis trabajos, de concursar”. Así fue que Agustina Bertoldi comenzó a seleccionar algunos trabajos, y en el año 2006 fue la ganadora del 1º Premio en fotografía.
Arte que permite mostrarte
“Lo que está bueno de la Bienal es que es uno de los espacios de mayor convocatoria joven que tiene en Santa Fe. Para mí una de las funciones más importantes que tiene el documental es la difusión, tanto del mensaje como de la problemática en este caso. Entonces está buenísimo que lo pueda ver la mayor cantidad de gente posible y la Bienal, en ese sentido, te abre grandes puertas, sobre todo con la gente joven”, cuenta Betania Cappato, quien junto a Patricio Agusti fueron los ganadores de la categoría de corto documental con el trabajo “Desiertos de agua” en la Bienal 2006. El trabajo retrató la realidad de los pescadores del río Paraná durante la profunda crisis del sábalo en aquella época.
“Es muy emocionante recorrer los pasillos de la UNL, con tanta gente sabiendo que sos parte de una exposición que convoca un número de público impensado; es emocionante”, señala Agustina recordando su paso por la Bienal. Esta fue una instancia motor para que decida presentarse en sucesivos concursos y premios.
Motivador
El premio genera motivaciones, incentivos. Más allá de que luego la realidad confronte con la emoción del momento, para muchos es un disparador de ideas, de oportunidades: “Gracias a la Bienal después pasaron el documental en Cable & Diario y en otros canales locales. Te abre puertas y te permite insertarte un poco en el circuito de realizadores documentalistas. Tenés un aval adentro del circuito que hace correr la bola y que otros te conozcan. Se generan complicaciones desde lo económico, el mercado de documentalistas es muy cerrado y se hace mucho a pulmón, pero ayuda”, cuenta Patricio.
Para los chicos de Toponauta, la Bienal marcó un antes y un después: “Nos permitió grabar un disco -que tuvo muy buena aceptación en los medios nacionales- que con tristeza comprobamos que tuvo poca repercusión en nuestra ciudad a nivel mediático”. Pero por otro lado “nos valió un par de recitales teloneando a bandas de nivel nacional como Los Cafres y Tipitos, lo cual no significó un antes y un después, pero sí fue muy buena la experiencia”.
Otros, como Agustina comienzan a descubrir la posibilidad de mostrar aquello que sólo creaban para pocos, de abrir su arte al mundo: “Como todo concurso que uno gana es un gran incentivo para seguir con la disciplina e ir creciendo en un hobby tan fanatizante como la fotografía. Luego de la Bienal 2006 participé en otros concursos y además recibí el primer premio en el concurso juvenil Santa Fe, Te Quiero, organizado por la Municipalidad de la ciudad, en julio del año pasado”.
Cada dos años el arte convoca y la cita es en la Bienal. Además de los artistas asistirán estudiantes de ciencias, amigos, padres; será un espacio de encuentro con una excusa inmejorable: el arte. Serán días inolvidables. Se abren las mentes, los espíritus. Abre Bienal.
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