| ¡Mamá!, ¿qué hay de comer? ¡Mamá!... ¿mamá? Por si todavía no te diste cuenta, tu vieja no te responde porque no logra escucharte. Es que, desde hace un tiempo dejaste el confortable hogar familiar para iniciar tu vida independiente. Todavía no podes definir si fue necesidad, un segundo de coraje o simplemente las ganas de tener el espacio propio, pero estás viviendo sola o solo. Ahora, todo, o casi, depende de vos: la comida, los impuestos, la ropa, la limpieza, ¡todo!
Tomar la decisión no es sencillo. Algunos no tienen alternativa, como aquellos que llegan a Santa Fe desde otros pueblos y ciudades a estudiar. Pero para otros el impulso es diferente. A veces la necesidad de desplegar las alas y volar es más fuerte que la comodidad del nido materno.
María Angélica Mermet y Graciela Azcona son miembros de la Escuela de Psicología Social de Santa Fe y explicaron a O Sea que no hay una etapa recomendable para irse. Pero afirman que sí existen condiciones psicológicas que permiten pensar la posibilidad de vivir solo. “Aunque cada vez se posterga más”, asegura Azcona.
Para Mermet, la condición mínima para dar el primer paso es, por un lado, poder pensar un proyecto propio.
En la actualidad se nota que los jóvenes dejan el hogar familiar mucho tiempo después. “Lo que antes ocurría a los 17 o 20 años, ahora se postergó hasta los 40”, señalaron las especialistas. Y lo justificaron con una razón casi evidente: esto ocurre por “el hecho de no tener trabajo o ser estudiante por más tiempo del indicado. Otros no tienen siquiera un proyecto de estudio, ni de trabajo, y se resignan a quedarse en la casa de sus padres porque no pueden ser autónomos”.
Que no te de el mango es una razón para quedarte; pelearte con tus viejos, no debe ser un motivo para irte. Eso afirman las psicólogas. “Los problemas no se resuelven yéndote, se estiran en el tiempo y nunca se terminan; en cambio, sí es condición necesaria lograr la capacidad de pensar en tener un proyecto solo, un proyecto independiente”.
Cómo partir de casa
Especialistas de distintas disciplinas que tienen como objeto de estudio los comportamientos sociales, afirman que existe actualmente un corrimiento de las edades, de lo que se denomina juventud, fenómeno que se arrastra a las responsabilidades que deben afrontar los jóvenes. “La autonomía de los jóvenes es hoy una consecuencia. Es decir, antes la decisión que debía tomar el joven era planificada, pensando qué hacer para poder irse, mientras que ahora depende de lo que tenga”, explicó María Angélica Mermet.
“Es que no se educa en proyectar, no se enseña la autonomía. De surgir, los planes suelen ser a largo plazo, mientras que la dinámica de la cultura contemporánea hace que las cosas sean inmediatas, sin planificación”, detallaron. Esa nueva forma de cultura repercute en el sostenimiento interno del individuo, “en la capacidad de poder estar solo”.
Para las especialistas, la vorágine de la comunicación, la necesidad de estar permanentemente en contacto, genera que por los dispositivos intermedios que se utilizan el hombre quede aislado. “La cultura virtual y el circuito del consumismo exacerban el individualismo. A su vez, estar sólo implica estar en intimidad con uno mismo y muchas veces sucede que no nos conocemos porque no existe la intimidad. Todo lo que hacemos es para mostrar y para que otros vean qué es lo que nos gusta o cómo hacemos lo que hacemos”.
Esta sentencia de las profesionales puede ayudar un poco, quizá, para entender nuestra propia realidad. Si te sentís identificado con mucho de lo que acá se dijo no creas que estás solo. También es probable que te esté picando el bichito de la libertad, esas ganas de andar solo por nuevos caminos y reconocer nuevas fronteras. Hay momentos en que es mejor cortar el cordón y largarse a vivir solo. Pero mejor, no dejar cuentas pendientes.
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