| “Señoras y señores, está todo listo, cuando el juez lo disponga, van a empezar los 90 minutos del deporte más hermoso del mundo” –al oír estas palabras un escalofrío te recorre el cuerpo, las manos te sudan, las secas en tus pantalones y te alistas. Estás ahí, parado en el medio del Nou Camp ante 100.000 mil personas- “Y arranca nomás. Yo Messi, se la toco a Yo Henry, que descarga para Yo Xavi y hace un cambio de frente con Yo Touré. Recibe de pecho y la hace correr por la banda izquierda nuevamente para Yo Messi que con un regate mágico deja pagando a Sergio Ramos; la tira larga y en velocidad manda un centro quirúrgico para que Yo Eto´o se eleve y... HUUU!!”. Saltás de la silla con una mano en la cabeza, soltás una maldición al aire, te lamentas por la ocasión perdida y, en el papel de Joseph Guardiola, decís firme y con autoridad “para abajo se cabecea macho, para abajo”. Te acomodas y con el cuerpo inclinado para adelante no despegas la vista del televisor...
Esta genialidad, que nació por 1994 por una ruptura entre dos de las empresas del negocio del entretenimiento virtual más grandes del mundo (Sony y Nintendo), ya caló hondo en la las costumbres sociales.
Poco a poco esta forma de diversión se fue estableciendo entre amigos llegando a ser el objeto central de las famosas “peñas”. Esas reuniones, que ya son una especie de obligación en el calendario semanal o mensual de muchos, son la evidencia de la inserción social de la Play.
Siempre hubo y habrá una excusa para juntarse. Lo diferente es que ya no es más el torneo de truco o el de poker lo que te demoró y por eso llegaste tarde. No, nada que ver, ahora llegás a tu casa a las 2 de la mañana -algunos hasta madrugan presos del vicio- y, con cara de “no pude hacer nada al respecto”, te justificas: “el torneo de Play se hizo muy largo”. Y no solamente le pasa a los chicos de 16, 17 o 18 años, también caen en la tentación aquellos pende-viejos de 30, 35 y, siendo generoso, hasta de 40, que cargan cada uno con su joystick en el auto "por si las dudas".
Gabriel es uno de los tantos jóvenes que sienten que los juegos son parte de su vida. A pesar de trabajar y estudiar, con sus 24 años, nunca dejó de hacerse tiempo para seguir estando en contacto con lo que más lo entretiene. Confiesa sin rodeos que “de chico prefería quedarme jugando a la play o a la compu en vez de salir a la calle”.
Gabyto participa en varias peñas en las que juegan a la play y entre risas cuenta la anécdota de una de ellas. “Una vez nos pasó con un grupo de amigos que armamos un torneo por fechas donde todas las juntadas jugábamos todos contra todos. Se hizo una tabla acumulativa que tenía una cierta cantidad de fechas. Al final el campeón recibía un premio. Todo venía bárbaro pero nunca lo pudimos terminar. Lo que nos pasó, a la tercera juntada por los puntos, fue que empezaron a haber discusiones. Por ejemplo, era todo tan competitivo que ya se hablaba de prohibiciones, nada de hacer gestos o gritar los goles. Y una noche terminamos discutiendo como 2 horas porque uno de los chicos había gozado a otro y en vez de divertirnos estábamos todos tan compenetrados en la competición que tuvimos que cancelar el torneo porque sino íbamos a dejar de juntarnos (risas). Desde ahí solamente jugamos una copa y todo empieza y termina en esa noche”. |