Sueños de Primera
Cómo es la vida en las pensiones de los clubes más importantes de nuestra ciudad. Historias de esfuerzos, sacrificios y fútbol.


 
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Para los hinchas de fútbol una de las sensaciones más gratificantes es ir a alentar a un jugador nacido en las canteras de su club, como lo disfrutan hoy los tatengues con Luis Ojeda, y hasta hace poco los sabaleros, con “Tito” Ramírez (hoy en Racing). En esta entrega O sea te cuenta cómo es la vida de los chicos que llegan a nuestra ciudad desde distintos puntos del mundo a vivir en la pensión de estos clubes, hasta que alcanzan el debut en Primera o deben emigrar hacia otros horizontes.

El Club Atlético Colón tiene una particular organización. Son 2 las pensiones que posee y están divididos los jugadores de acuerdo a sus edades. 34 chicos menores a los 15 años viven en una pensión ubicada en el centro de la ciudad. Otros 20 jugadores de inferiores mayores viven en la pensión del nuevo predio de entrenamiento del club que se encuentra a la vera de la autopista Santa Fe-Rosario. Hasta allí fuimos.

Sabalitos

El sol se trata de esconder, pero no lo logra. Se expande a través de cada metro cuadrado de césped que conforma el predio de Colón, donde desde principios de este año entrenan todas las categorías de fútbol. Llegar hasta allí es un camino corto, y permanecer en la tranquilidad de sus verdes es un deleite para los oídos y el equilibrio visual.

A las 15.05 estamos todos listos para dirigirnos hacia la zona de la pensión. Un poco más atrás de lo visible y entre verdes, se asoman las primeras construcciones. Ingresamos por un salón de uso múltiples vidriado, espacioso, casi vació, detrás yace apagada e impecable la cocina, donde horas antes el cocinero se multiplicaba para atender a la veintena de adolescentes en edad de desarrollo. (voraces después de un entrenamiento matutino riguroso).

Pasamos por un patio abierto, y en la puerta Jorge Canteros (el encargado de recibirnos y atendernos y el Gestor de todo el predio) nos dice: cinco minutos que aviso que llegaron. Ingresamos a la pensión propiamente dicha. Nos reciben 4 mesas vacías, con 6 sillas cada una, y un TV de 29' encendido. Poco a poco comienzan a aparecer las caritas entre tímidas y animadas. Algunos recién terminan su siesta y otros apenas si aguantan las risas.

De a poquito, se acercan todos, y aunque algunos hablan más que otros, todos están ahí. Los que menos participan se arriman para la foto, Jorge los mira de cerca y está atento que no falte nada, mientras hace algunas bromas con los dos jugadores provenientes de Camerún que están en nuestra ciudad hace un mes y medio y aunque hablan en un español excelente, se traban cuando ven el aparato que los graba en vivo y directo. Abdourahim Sali, alias Ramsi o el negro, como lo llaman, es un moreno de 1.80 que proviene de Camerún. Cuenta que está más que feliz de vivir en Santa Fe, siempre sonriente describe un poco su vida en África y los cambios de hábito. Sueña con debutar en Colón y espera ansioso la citación del seleccionado sub 20 de su país para defender los colores de Camerún.

“La pensión del club te da la posibilidad de no tener gastos, te da un lugar donde vivir y un plato de comida en la mesa. El entrenamiento es dentro del mismo predio de Colón y el único viaje que tenemos a Santa Fe es para ir a la escuela. Todos los días sale una traffic de mañana y de tarde para ir a estudiar”, describe Facundo Bertoglio, de 18 años, oriundo de San José de la Esquina. En Colón los jugadores están obligados a estudiar hasta los 15 años. Luego deciden qué hacer en adelante.

¿Cómo es la rutina dentro de la pensión?

Facundo Curuchet (19), de Gualeguaychú (ER). Tenemos un turno de entrenamiento solamente de mañana, arrancamos a las 9. Después del mismo venimos a almorzar, dormimos un rato de siesta hasta las 4 y los que vamos a la escuela, tenemos la tarde ocupada cursando. Cuando llegamos son las 11 de la noche, comemos algo y nos vamos a acostar. Quienes no van al colegio, se quedan en el predio haciendo alguna actividad. El tiempo libre lo ocupamos jugando al truco, viendo televisión y charlando con los compañeros. Lo bueno de la pensión de Colón es que estamos en un predio con muchas comodidades y alejados de la ciudad. Yo viví en la pensión de Vélez que estaba debajo de la tribuna del estadio y es otra cosa. Antes vivíamos en la pensión que estaba debajo de la popular de colón, en relación a este lugar es incomparable.

¿Cuando vivís lejos de la familia, te afecta para trabajar?

Luciano Magnano (17), de Malabrigo. Para mí es al revés, porque al estar lejos de tu familia, tus viejos hacen todo para que vos estés acá, así que el esfuerzo que ellos hacen vos se lo retribuís con lo que haces acá.

Emiliano Querin (17), de Reconquista. “Lo que más se extraña de la casa es el día a día. Que tu vieja este ahí. Tus amigos; cuando te vas a tu casa lo que menos haces es estar con tu familia, volvés a estar con tus amigos.

Tatenguitos

En otro punto de la ciudad funciona la pensión de Unión. Allí hay 36 jugadores que son de afuera. Tienen entre 13 y 20 años, y viven en departamentos debajo de la platea del estadio “15 de Abril”. “Somos como hermanos”, se definen. El lugar fue bautizado la Casa del Jugador. Fue una idea de “Cachito” Roteta (técnico), explica Carlos Ibañes, quien es el cocinero y hace las veces de “padre” de los chicos, ya que es el único adulto que vive con ellos en el lugar. Todos los chicos tienen la obligación de ir a la escuela y si les va mal en los estudios se les corta la posibilidad de continuar en el lugar para jugar al fútbol.

Tanto los jugadores de Colón como los de Unión cuentan con la atención psicológica, asistentes sociales y nutricionista; y cuentan con una tutores, que los ayudan a gestionar lo que necesitan.

Apenas ingresamos a “su casa” rojiblanca, nos reciben de una manera muy respetuosa y cálida; y mientras algunos siguen en sus tareas diarias, usando el lavarropas o limpiando las habitaciones, otros, seguramente los menos inhibidos, acceden a regalarnos un espacio de su día para charlar un rato acerca de sus experiencias en la pensión, y se sientan alrededor de una mesa del comedor, junto a un ventanal hacia las canchas de tenis inglés.

“Hay que tratar de pensar que uno está por un propósito, por un sacrificio. Además acá estás con todos tus compañeros, que terminan siendo como tus hermanos”, dice Gastón González, de 14 años. Es de Arrufó y hace un año que vive en la Casa del Jugador. “También hay que tener en cuenta el sacrificio que hace tu familia, y eso te ayuda un poco más”, agrega Lautaro Betelló, que tiene 15 años, es de López, y vive desde hace dos años en el club de sus amores. “Se extrañan los amigos, la familia, pero hay que pensar en el esfuerzo que hacen ellos también para que estemos acá. Es un sacrificio pero también es el futuro de cada uno”, remata Adrián Galarza, de 15 años (desde hace 8 meses en Unión), oriundo de Saenz Peña, Chaco.

El compañerismo que se percibe entre ellos es gratificante, el saludo sincero de los que recién se levantan, la buena onda y las sonrisas que comparten, mientras miran la tele, demuestran que estos chicos, a pesar de su corta edad, tienen bien en claro lo que quieren, sus metas, sus objetivos y el esfuerzo diario que realizan para conseguir aquel sueño que los hace estar lejos de casa: jugar en la Primera de Unión.

¿Cómo es un día para ustedes en la pensión?

Gastón González (14 ), de Arrufó. En épocas de escuela, nos levantamos a las 9, desayunamos, comemos, descansamos un rato y después entrenamos, y a la noche vamos a la escuela. A la mañana tenemos que limpiar, cada uno limpia su pieza, en una habitación dormimos cuatro, para mantener el orden.

¿Qué expectativas tienen acá?

G.G. Llegar a Primera y jugar en la selección; jugar en el mundial. -Asegura Gastón, al igual que respondió Diego Maradona en la recordada entrevista que le hicieron en Villa Fiorito cuando era un pibe.

¿Cada cuánto van a sus casas?

Mariano Flori (15), de Laguna Paiva. Los que estamos más cerca vamos seguido, cuando tenemos días libres pero cuando empieza el torneo es más difícil. Algunos vamos una vez por mes o cada dos meses. 

Sueños de gol

Así viven, se expresan y juegan los pibes que llegan a nuestra ciudad con un sueño de gol. La percepción es que más allá de si consiguen su meta de jugar en Primera, o no; lo cierto es que en sus experiencias de vida en las pensiones de Colón y Unión son un plus. Tiene que ver con la formación como personas. Aprenden la solidaridad, el compañerismo, el respeto, el esfuerzo; valores que no son poco en estos tiempos en que son parte de una generación señalada por estar “en cualquiera”. Por eso, la huella que los marca para siempre trasciende al mundo del fútbol. Un cartel dirigido a los jugadores colgado en la pensión tatengue sintetiza la idea: “Tenés el honor de practicar el deporte más popular: el fútbol. Y esta práctica es la que te debe formar como un exitoso deportista, como una persona de bien”.

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