Este informe reúne tres testimonios de chicos de nuestra ciudad que heredaron un oficio de sus padres. En estos relatos de vida se resume una tradición que, a pesar de que se fue perdiendo con el paso de los años y con la llegada de nuevas ocupaciones, en algunos perdura.
Muchos oficios se “cortaron”, se fueron dejando a un lado, o se perdieron, porque los jóvenes de hoy tienen la posibilidad de estudiar en la universidad y se forman en carreras para dedicarse luego a trabajos profesionales que realizan con títulos académicos. En algunos casos, de esta forma, se pierde aquel oficio que fue el sustento del hogar en el que crecieron, gracias al esfuerzo y el oficio de sus padres.
Esta realidad tiene dos caras. El rostro de la felicidad de esos padres que se “mataron” para ver progresar a sus hijos. Y el de la nostalgia por un oficio que se pierde, que no perdurará en el tiempo.
Cuando una ocupación no es transmitida de un padre a un hijo, o a un aprendiz, pasan a “cuarteles de invierno” experiencias intransferibles, habilidades trabajadas a lo largo del tiempo, las que forjaron objetos o servicios que supieron establecerce en la comunidad.
Pero no todas las historias tienen ese final. Por ello O sea rescata algunas de las experiencias de “transmisión vertical”, como decidimos llamarlas, en las que los jóvenes decidieron continuar con el oficio de sus padres; ya sea por necesidad o por vocación.
Tres historias verticales
Así fue como nos encontramos con Aldo Loinas (23), que heredó de su padre el oficio de la electricidad del automotor; con María Inés Francia (32), que tornea llaves en la cerrajería de su padre; y con Adrián Nuñez (24), más conocido como “El Negro”, que recorre las calles al grito de “El Litoraaal”, trepado a su bici como canillita.
Cada una de estas historias tiene sus matices. “El Negro”, además de vocear el diario y atender el kiosco de su padre desde los 13 años, es docente en una escuela y estudia Comunicación Social. “Con mi viejo colaboro y no estoy cien por cien involucrado en el trabajo”, asegura.
Distinto es el caso de María Inés, quien decidió continuar con la cerrajería de su padre tras estudiar Artes Visuales y obtener un título, ya que considera a este oficio como un arte. “Puede tener que ver con la herencia, pero para mí es un gusto, una elección, son las ganas de aprender y observar. Mientras estudiaba, mi papá me ayudó a soldar algunas cosas, a resolver algunas cuestiones de taller, de la carrera. Es un trabajo y es un gusto”, dice, con placer.
“Además pinto y por eso siento que estar en la cerrajería es cercano a lo que yo estudié. Pinto acrílico sobre tela, ahora en octubre tengo una muestra. Y bueno, me armo los bastidores acá en la cerrajería, porque estoy pintando telas grandes. Por eso digo que se vinculan la cerrajería con el arte. Si quisiera, podría trabajar en las escuelas dando clases y tener un horario diario de lunes a viernes, por eso digo que es una elección seguir el oficio de mi papá”, sentencia.
El taller de papá
Aldo tomó la posta de su padre y aprovechó además la posibilidad que la vida le presentó al poder capacitarse. “Apenas terminé los estudios secundarios, empecé mirándolo a él y con eso aprendí toda la parte práctica de lo que es este trabajo. Por otro lado, para formarme en la parte teórica realicé cursos de electricidad del automotor, audio y alarma. Es bueno complementar los conocimientos teóricos que te da el estudio con la parte práctica que vivís día a día en el taller”.
Cuándo terminaste la secundaria, ¿ya sabías que querías hacer lo mismo que tu papá?
Empecé primero la carrera de Ingeniería Informática y a medida que pasaba el tiempo me daba cuenta de que no era lo mío, no me gustaba, entonces me largué a hacer el curso de electricidad del automotor y cursos afines, como es el caso de alarmas, cierre y todo lo que es la parte de audio.
¿Cómo es trabajar con tu papá?
Al principio se hace difícil tener que estar todo el tiempo con tu viejo, pero nosotros nos llevamos bien, pese a algún que otro cruce que se puede producir por tener que estar tanto tiempo juntos. Desde mi experiencia es bueno trabajar con mi viejo, aprendo mucho.
¿Te ves trabajando con tus hijos?
Sí. Aparte, es muy bueno trabajar de forma independiente y tener de patrón a una persona de confianza. Sería muy lindo que si tengo hijos varones se dediquen a lo mismo que yo; poder enseñarles y que puedan aprender lo que a mí me enseñó mi viejo.
Cerrajera, ¡auxilio!
María Inés es conciente de lo que representa la tradición de un oficio. Y lo expresa con claridad conceptual: “Mis padres están contentos de que yo esté acá, que no se pierda la tradición, el conocimiento, la práctica; que se rescate. Hoy en día los oficios se están perdiendo, están clamando por volver; en las industrias y las fábricas escasean”.
¿Cómo consideras tu oficio de cerrajera?
Hay que tener en cuenta que es un servicio que se le presta a la gente. Es el servicio de ayudar a una persona que está complicada, que no puede entrar o salir de su casa, que no puede entrar al auto, o que está en apuros. Tiene que ver con las urgencias, con “salvar las papas”, con ayudar.
A este respecto, María Inés relata una anécdota que revela su función social: “Una emergencia muy particular que recuerdo es la de un señor que vino desesperado a pedirme que le abriera el auto, porque la señora había cerrado y se había quedado un bebé adentro, llorisqueado sin entender por qué sus papás estaban afuera ¡y él adentro! Situaciones así, muchísimas. Por eso decía que lo considero un servicio importante”.
“El Litoral, diariooo”
Para cerrar esta entrega vale destacar las palabras de “El Negro”, cuando responde a la pregunta sobre por qué decidió continuar con el oficio de canillita de su padre: “Para colaborar con él. Es su trabajo fijo y es el mayor ingreso en la familia. Yo no cobro sueldo como lo haría un peón. Y aparte, ¡gracias al trabajo, mi hermano y yo pudimos estudiar!”.