Si E=mc2, se puede decir que: los fierros+mujeres=TC2000. Y siguiendo con las fórmulas, TC2000=“fanáticos por los fierros haciendo cualquier cosa para entrar y poder ver en primera fila a sus corredores favoritos arriba de un auto”. Para no perder la línea: jóvenes=O Sea. Por eso te mostramos desde nuestra óptica cómo vivimos la carrera, con todas las fotos y notas "de este lado de la reja". Entrá a la galería de fotos
Santa Fe vivió este fin de semana una de esas fiestas que, hace algunos años, sólo se veían por televisión. Miles y miles de personas concurrieron a la zona del puerto para apreciar uno de los circuitos callejeros que propone el TC y para no ser menos que la F1, también estrenaron la modalidad “callejero nocturno”.
A principios de la semana ya se empezaba a respirar aire de TC. La hotelería de la ciudad al 100% ocupada pregonaba una ciudad llena de turistas, gente que se acercaba desde todo el país para ver uno de los eventos deportivos más grandes que propone el calendario municipal a nivel local.
La escena Promotoras, gorritas, banderas, choris, gaseosas, cervezas, heladeritas, escaleras y andamios dominaban la escena. Sí, se lee bien, la gente que precabidamente pensó que no iba a conseguir un lugar en la tribuna no tuvo mejor idea que llevarse andamios (como los que usan los albañiles) y armarlos en cercanías a la pista para poder ver la carrera sin mayores preocupaciones. En definitiva, se crearon su propio “Palco Vip” para recelos de algunos que sin tanta iniciativa cogoteaban en segunda o tercera fila de personas para pispear qué pasaba en pista.
Otros, un tanto menos complicados pero con las mismas pretenciones, dispusieron de una escalera y tablas (en algunos casos) para conseguir el punto alto que necesitaban. Los más jóvenes, todavía con agilidades corporales, recurrieron diréctamente a la madre naturaleza y se treparon a los árboles.
Los motores rugiendo a fondo, la mezcla entre el olor a caucho y aceite quemados y la velocidad a la que corrian los autos electrizaba a los espectadores y enloquecía a todos los presentes al punto de generar discusiones y cánticos entre tribunas. Uno que otro grito era destinado hacia aquellos que decidieron no pagar la entrada y se la rebuscaron en el techo de una casa o el balcón de un departamento para poder ver la carrera. Algunos se arrimaron y miraban desde atrás del alambrado perimetral del circuito, trepados a los monumentos, mástiles, canteros, bancos o lo que se encontraba más a mano.
Bellas palabras Como en todas las carreras de automovilismo, ellas roban corazones, miradas, gritos y hasta suspiros de amor eterno. Algunas, más atractivas que los propios autos, se pasean inocentemente entre las tribunas generando más de un circo de ratones en la cabeza de los hombres. Sin embargo y aunque usted no lo crea, estas bellezas, las promotoras, tienen su mirada femenina: “el evento como fiesta es realmente sorprendente, asiste mucha gente y es muy lindo. Se puede disfrutar que es lo más copado. Entre la tribuna masculina te podes encontrar con cualquier cosa, algunos son respetuosos y te dicen piropos y otros directamente se zarpan”. Como no podía ser de otra manera, tenemos una galería sólo de ellas. Miralas acá
Proveedores imprescindibles Un poco menos atractivos (sin contar un par de vendedoras que rompieron el esquema), pero de gran relevancia para el público, están los siempre adorados puestos de comida y bebida que te hacen zafar el momento cuando te quedaste sin cerveza, coca, hielo u otro suministro escencial.
Joaquín Chemes, encargado de uno de los sectores de venta, nos comentaba: “lo que más se vendió fue la gaseosa, sobre todo la de medio litro”. Confesó que en cuanto a público, la carrera de la noche fue más exitosa: “el pico de gente fue entre las 18 y las 23 cuando terminó la carrera (por el sábado). Hoy (por el domingo) hubo un poco menos de movimiento pero hay que ver, yo me quedo hasta que termine, tipo 15-15:30".
Parece que algunos no dejaron de pasar la oportunidad y aprovecharon la carrera de noche para llevarse unos sillones, un tablón y disfrutar de una picada con una buena cerveza helada. Según Joaquín, “algunos empezaron la previa acá y después seguro la siguieron por ahí, inclusive el sábado muchos se quedaron hasta las 11 y otros siguiero tomando cerveza hasta vaya a saber que hora”.
Sin dudas las carreras fueron la excusa perfecta para pasar un fin de semana lejos de la rutina. En familia o "con los pibes", todos supieron disfrutar de las ofertas (noche o día) que ofrecía el evento. El espíritu fierrero que proclama "buena onda" a pesar de las rivalidades, fue y seguirá siendo el toque de gracia que distuinge al TC 2000 del resto de los acontecimientos deportivos y lo convierte en una verdadera fiesta.