Por amor al fútbol
Desde niños, sabemos que el entretenimiento es una parte fundamental en la vida cotidiana. El deporte, cuando es tomado con diversión y no sólo como una competencia, es doblemente salubre. En la entrega de hoy vamos a acercarnos un poco a todos aquellos que se sientan identificados con las ligas de fútbol amateur y entiendan que, a pesar de todo, “nunca hay que dejar de divertirse”.
 
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Si tenemos que nombrar el primer deporte que mueva a multitudes en nuestro suelo, creo (espero no equivocarme), nos inclinaríamos por el fútbol. La locura por este deporte lleva a los jóvenes que no tienen el tiempo ni las ganas de ir a entrenar a un club durante la semana, a que se inscriban de motu proprio y por el sólo hecho de despuntar el vicio, en ligas que son totalmente amateurs.
En nuestra ciudad, se ha hecho de este tipo de campeonatos una religión de los sábados. Algunos, dentro de esta ceremonia semanal que los junta por un par de horas antes, durante y después del partido, cumplen distintos rituales. Seguramente estarán los que se juntan en una casa momentos previos al partido y van en caravana todos juntos; o los que directamente llegan sobre la hora y a veces tarde a jugar; o los que están organizando toda la movida desde el día anterior; o los que salieron la noche del viernes y se pusieron de acuerdo en el boliche cómo iban a ir hasta la cancha y a qué hora jugaban; en fin, historias miles. 

Es en esta locura futbolística en que uno se detiene un segundo y se pregunta: ¿Por qué? ¿Qué los motiva a levantarse un sábado (después de salir un viernes) o salir de trabajar apurados para ir a patear una pelota? Escribir de sentimientos, es complicado, pero si se puede resumir en pocas letras o palabras, creo que la “pasión” (y todos sus derivados: delirio, entusiasmo, frenesí, vehemencia, etc.) conjugan lo que podría ser la respuesta más adecuada. 

Los feligreses 

Lejos de quedarnos con una mera reflexión, decidimos preguntarle a los que verdaderamente forman parte de esta movida deportiva que ya lleva un par de años en la rutina semanal.
Facundo Ferrari de 26 años y Matías Toribo de 32 son dos partícipes de distintas ligas amateurs de la ciudad. Ambos fueron “fundadores” de sus respectivos equipos (Resaka y Sportivo Branca) que se presentan incondicionalmente todos los sábados del mes desde hace ya varios años. 

Cuando uno indaga sobre cómo surgió la idea y las ganas de formar un equipo, casi copiándose (aunque no estén en el mismo momento y ni en el mismo lugar hablando) coinciden en que se trata de una iniciativa dentro de un “grupo de amigos”. 

Facundo detalla : “con mis amigos teníamos ganas de formar un equipo de 11 y se tiró la idea de inscribirnos en la liga de Inmaculada, ya que la mayoría había terminado el colegio ahí”. Mientras que Matías comenta que “es la forma que encontramos de jugar al fútbol entre amigos”. 

La diferencia con la LSF 

Si bien la Liga Santafesina de Fútbol está considerada dentro del amateurismo, estamos hablando de campeonatos donde los equipos (en su mayoría) no disponen de una institución física como ser un club o sede. Por ende, carecen de instalaciones para entrenarse y tampoco poseen las ventajas de tener un técnico o un preparador físico que les haga realizar rutinas específicas como suele suceder en los clubes locales. 

Sentimientos cruzados 

El amor por el balompié no es un suceso esporádico, momentáneo, efímero. Por el contrario, suele ser una sensación que crece a través del tiempo, desde que se patea la primera pelota, se viste la primera camiseta o se concurre por primera vez a la cancha. Es lógico que cualquier jugador de fútbol tenga más afinidad o preferencia por un club que por otro. Pero... ¿qué pasa cuando sos hincha fanático de un cuadro y, a su vez, fundador de un equipo que tiene los colores que vos elegiste? ¿cuál es preponderante? 

Matías confiesa que “es muy difícil de explicar. Soy hincha fanático de Unión. Voy a la cancha con mi viejo desde chico y no falto a ningún partido de local, pero lo que a despertado en mí, mi equipo Sportivo Branca, es increíble. Acá no sólo soy hincha, sino también hacemos las veces de jugador, dirigente, técnico, es algo que creamos nosotros. Es difícil de explicar. Las veces que se ha dado que Branca jugaba a la misma hora que Unión, depende de la cantidad de jugadores que teníamos y la importancia del partido, he ido a jugar con mis amigos”. 

Desde su óptica Facundo explica: “soy hincha fanático de River y creo que se siente algo muy similar, con la diferencia de que en Resaka uno es protagonista, además de hincha. Pero jugar y disfrutar con tus amigos dentro de la cancha, no tiene comparación”. 

Hay que animarse 

Facundo aconseja “animarse y largarse a experimentar la sensación de ser parte de un equipo y, por sobre todo, de un grupo de amigos”.
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