Encontraron una puerta abierta
Hoy rescatamos la historia de una ONG, que entre sus proyectos y actividades lleva adelante la producción de una revista de venta social que comenzó a convertirse en una realidad el 10 de junio de 2004, cuando salió el primer número a la calle.
 
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La revista La Búsqueda tiene como particularidad que ninguno de los chicos que escriben y hacen sus notas son periodistas, sino que es un proyecto pensado y hecho con adolescentes jóvenes que aprenden el oficio. Ellos desde su lugar comienzan a hablar de su vida, de sus necesidades. El objetivo que tienen sus realizadores es darle voz a aquellos que no tienen posibilidades de expresarse por otros medios. La revista es vendida en las calles de Santa Fe por adolescentes, jóvenes y adultos. Es una herramienta de trabajo para ellos y una fuente de ingreso.

Es la revista de los pibes. Las notas, las fotografías, la elección de los temas, etc., son producto de jóvenes, que en su mayoría son o han sido niños y adolescentes en situación de calle o en condiciones de vulnerabilidad social. De esa manera se constituye en un medio gráfico independiente que no recibe fondos de ninguna institución partidaria o religiosa.

Los chicos que trabajan en los talleres y en la revista no escapan a una realidad conocida por todos y es que se ven muchas veces enfrentados a situaciones que son difíciles de manejar a tan corta edad. A veces sienten que la ciudad no los integra en todos sus espacios. Se sienten agredidos por ciertos comentarios o miradas. Pero continúan con su objetivo de formar parte de La Búsqueda para mostrarse ante todos tal cual son.

Orlando Andrés Martini. 24 años

—¿Qué hacés dentro de la revista?

—Yo trabajo la parte de notas y fotos. Cuando hay algún evento de espectáculos importante, de deporte, o gente importante que viene de otro lado. Por ahí a nosotros se nos hace difícil conseguirla, porque no tenemos credenciales, ni nada y no somos profesionales.

En el 2008 hubo un evento de Vale Todo, en el anfiteatro. Fuimos y le hicimos una entrevista a los que participaron. En el 2010, estuvimos en la Maratón Santa Fe Coronda, y tuvimos la suerte de que Diego Degano conociera la revista, nos sacamos fotos, conocimos a los nadadores. Uno cuando los ve en la tele, piensa que esas personas son especiales, pero cuando los tenés al lado tuyo te das cuanta que son un ser humano igual que vos, que piensan como vos.

—¿Cómo conociste La Búsqueda?

—Antes, estaba en otro lugar, un comedor. Cristina trabaja con nosotros ahí, y siempre pasaba que a los chicos se los llevaba la policía, no podían estar vendiendo tranquilos. Entonces surgió la idea de hacer una revista para contarle a la gente. Empezamos entre todos a trabajar acerca de cómo la podíamos armar, qué queríamos contar, primero la historia de la discriminación de la gente, el tema de los barrios. Luego empezamos a buscar publicidades para empezar a bancar la revista, y la conseguimos. Antes la revista era chiquita y salía ,50. Y eso a los chicos les deba la moneda para que puedan llevar a su casa, y puedan comprar pan. Y ahora somos lo que somos. Trabajamos con pibes de 12 de 15- 16 años. —¿Cómo era tu vida antes de entrar en La Búsqueda?

—Andaba en la calle antes, estaba metido en la droga, con el poxi, todo eso. Y ahora por ahí que ando en la calle y veo los otros pibes así, y me trae recuerdos. Dormía en la plaza en cualquier lado. Tenía problemas con la policía, porque era menor de edad, vivía más en el Centro Provincial que afuera. Pero después me volvía a escapar, y me volvían a traer.

—¿Vos decidiste salir de todo eso?

—Sí, yo tenía la invitación de mucha gente, y por suerte pude salir. Chicos que han andado conmigo en la calle, y no han tenido ganas de ir a La Búsqueda, han terminado mal, algunos hasta perdieron la vida, se metían en los barrios, en quilombos con otra gente.

Maxi IBARRA, 19 años

—¿Hace cuánto que estás en la revista?

—Yo de los 9 años, estaba pidiendo en calle General López, en la Iglesia Inmaculada, en la Catedral, en la Santo Domingo, y seguí como tres años más en la calle. Después conocí a un hombre, que me dijo que había un comedor para chicos. Yo me acerqué, fui y le pregunté a Cristina si no había un lugarcito para mí, un platito de comida. Ella me respondió que sí, que era de lunes a viernes de 13 a 17 horas. Bueno, yo empecé a ir y después le comentaba a mis amigos del barrio y ahí empezamos a ir todos.

—¿Qué rol tenés dentro de la revista actualmente?

—Yo las vendo en la Casa de Gobierno, en Tribunales y hace 6 años que estoy con Cristina. Estoy desde que apenas empezó la revista, desde la número uno, y estamos por la 52. Ya hace 6 años.

—¿Te gusta compartir con los chicos, con Cristina?

—Sí obvio que me gusta, porque es algo que me sacó de la calle. Yo antes hacía cualquiera, me juntaba con los chicos, íbamos a los bailes y ahora no. Ahora no hago nada, tengo una familia, mujer, hijos. Gracias a Dios estoy acá.

—¿Qué sacas de bueno de todo esto, desde que empezaste hasta ahora?

—Ahora soy querido por la gente de Casa de Gobierno, todos me respetan, yo los respeto.

Los primeros días que iba a vender les decía; Doña, le interesa comprar la revista de los chicos de la calle de La Búsqueda, y algunos me compraban la revista, otros no. Otros me decían que si se la llevaba a la casa me la compraban mensual, y se la llevaba a su casa.

Ahora ya soy conocido, la dejo nomás, después la paso a cobrar, y me la pagan. Ahora llevo por mes más o menos 80 revistas, porque tengo algunos clientes fijos. Antes vendía muchas, cuando era chico eran 500 ó 600 revistas, pero hasta que me hice mis clientes, ahora yo les vendo a ellos y ya está. Porque de los demás se encargan los chicos que recién empiezan.

Ezequiel Asiza 11 años

—¿Qué haces en la revista?

—Yo estoy en la parte de las notas, por ahora, hasta que pueda hacer otra cosa. Me gustaría viajar con los chicos, sacar fotos, hacer entrevistas.

Escribí una nota de Michael Jackson, contando toda la historia, la vida, porque soy re fanático. Tengo todos los discos en un solo Cd.

—¿Cómo llegaste a acá?

—Yo antes andaba todo el día en la calle, y como que mi mamá se preocupaba. Y yo no le daba bola, hasta que un día me dijo que ella se estaba muriendo, y a veces ni siquiera respiraba. Y, vos sabés que yo no le daba bola a eso. Hasta que me dije qué hice, por qué no le obedecí a mi mamá.

Llegue a La Búsqueda porque yo vivo acá, a una cuadra y media, y lo conocía al Leo. Él me dijo que yo tenía que venir a La Búsqueda, entonces yo empecé a venir. Ya hace más de un año que estoy acá, un año y tres meses o cuatro.

—¿Ahora estás mejor que venís acá?

—Sí no la hago renegar tanto a mi mamá, voy a la escuela y a la tarde vengo acá. No falto ni una sola tarde. La Búsqueda es parte de mi vida, es algo cotidiano.

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