Zoolidarios
En Santa Fe hay jóvenes que dedican su tiempo en ayudar a los perros de la calle. También salvan a gatos y otros animales. Lo hacen desinteresadamente. Son nuestros pequeños héroes cotidianos. Todos hablan de la gran felicidad que les produce. Aquí, un homenaje a los jóvenes zoolidarios.
 
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Sacrificios que valen la pena
Silvana y Juan son dos jóvenes santafesinos que, movilizados por el cariño a los animales, se dedican a rescatar a aquellos que son abandonados y deambulan por la calle. Ellos los curan, los miman y se los entregan a familias que sienten el mismo amor que ellos.

Como Silvana y Juan hay otros jóvenes anónimos que también recorren la ciudad con su mirada atenta a descubrir la necesidad de las mascotas abandonadas o maltratadas.

El sacrificio, el desinterés, pero sobretodo la pasión que ponen en cada animal, caracterizan a estas personas, que no tienen días, horarios, ni clima que los frene cuando se trata de salir a rescatar animales en mal estado y devolverles la vida. Ellos trabajan de forma independiente respondiendo sólo a las necesidades de los animales.

¿Cómo empezaron a ayudar a los animales?

Juan Torti (21). Hasta hace cinco años, para mí el perro de la calle, era de la calle. Lo que me cambió fue que encontré una caja con cachorritos. Los ayudé, los curé y los di en adopción. De a poco y sin darme cuenta, seguí ayudando cada vez más, y terminé adentro. Siempre hay algo nuevo, cachorros atropellados, perros con sarna, gatos abandonados, enfermedades, todo caso es distinto y es esto lo que permite no cansarte y querer ayudarlos siempre. Ahora veo un animal y ya lo quiero ayudar, darle de comer, o atención veterinaria, es como una locura que no puedo manejar, no puedo dejarlos así.

Silvana Pocoví (26). Yo siempre fui de cuidar a los animales, de ayudarlos, desde chiquita, pero en 2002 entré en la Protectora, después pasé a ADERA y luego a Dignidad Animal. Ahora estoy en forma independiente, es decir, nos manejamos con amigos o con gente que quiera sumarse, pero sin ningún nombre. Lo más importante es recuperarlos, sacarlos de la calle, casi siempre son los perros los que están en mal estado, atropellados, desnutridos, o abandonados. Hemos encontrado animales adentro de bolsas de residuos, en cajas, con gusanos, fracturados, casos raros, diferentes, hay de todo lo que no se puedan imaginar.

¿Cómo solventan los gastos?

Juan. Uno pone del bolsillo, de lo que tiene, y también recibo mucho de la gente que dona alimentos. Algunos veterinarios nos hacen descuento. Es un círculo en el que todos ayudan y ahí ves que se pueden hacer cosas. Los elementos que usamos en las campañas, los insumos, es todo donado. Las farmacias colaboran con medicamentos, desparasitarios, vacunas, de todo un poco. Yo levanté una carta, una cadena vía correo electrónico, solicitando materiales que necesitamos, y la gente se acercó y donó muchísimo. La familia también ayuda mucho. Ahora estamos vendiendo alfajores de maicena, empezamos porque un perro se había comido su propia patita, y teníamos que juntar mucha plata para la operación, y con eso lo cubrimos. Algunos días nos quedamos desde las siete de la tarde hasta la madrugada cocinando. Un sacrificio que vale la pena.

Silvana. Yo tengo ocho perros en casa y cada uno lleva su tiempo, tratamientos, medicaciones, alimento, pero no quiero sumar más porque no me puedo dedicar a los de afuera. Mi mamá, y mi familia me ayudan mucho, les hacen de comer, los atienden, porque yo estudio y trabajo. Llegué a tener 15 perros viviendo juntos, y gatos también, pero han pasado más de 100 animales por mi casa.

Un hogar para cada mascota

“Desde hace más tiempo del que recuerdo, pienso que cuidar a los animales domésticos es una responsabilidad que, como tantas otras, se hereda con el nacimiento”, dice Matías Palombi, otro santafesino de 21 años que dedica su vida a ayudar a los animales abandonados. “Es por esta convicción que he convertido mi casa en un hogar canino ambulatorio y, en varias ocasiones, también, en residencia fija de cuanto animal abandonado se desplace dentro mi rango visual. Esta forma de contemplar la otredad en un sentido casi excéntrico, me ha proporcionado momentos tan felices como hilarantes. Pero en todo el tiempo que llevo regalándome esta experiencia, hay un mensaje que se mantiene invariable: continuar. Es que la gratificación y un rabo con movimiento pendular son motores que, una vez en marcha, uno ya no quiere detener. En este punto descubrí y lo corroboro cada día- que la obligación se convirtió en una vocación”.

Nuestra colega y compañera en El Litoral, Agustina Mai, es la encargada de recolectar y difundir toda la información sobre los animales perdidos o buscados. Ella publica en su blog de las mascotas en el diario las noticias y pedidos y crea un puente zoolidario con los lectores. Por ello es que le pedimos que aporte su testimonio. “Desde chiquita, mis padres me inculcaron el amor por la naturaleza. A menudo, mi mamá y yo nos cruzamos con perros o gatos abandonados y, sin dudarlo, los llevamos a casa. No podemos permanecer ajenas al sufrimiento de estos seres”, cuenta Agustina.

“Durante días, semanas y hasta meses, los llevamos al veterinario, los alimentamos y recuperamos, hasta que los podemos dar en adopción. Pero como la gente es amiga del éxito, es más fácil regalar un perro cuando es cachorro, lindo y sanito. Pero ¿qué pasa si el animal tuvo un accidente? ¿Si ya está viejito, ciego o enfermo? Ahí se complica conseguirle una familia. Es por eso que llegamos a tener 12 perros y 4 gatos, todos de la calle: Chiqui (el manquito), Sauce (al que le faltaba un ojito), Tatuna (que no pudo recuperarse del moquillo nervioso), Michita (sorda y epiléptica), Lola (una gatita paralítica por la desnutrición) y muchos otros”.

Agustina, Silvana, Juan, Matías y otros anónimos zoolidarios se ocupan de ellos. Por eso se merecen un “guaaaau” bien grande. Porque salvan la vida de los animales más postergados de nuestra ciudad.
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