Jóvenes con nuevos vientos
Federico Gonzalvez y Jonatan Otero son dos músicos santafesinos. Exitosos en sus instrumentos ganaron el certamen para músicos solistas de Trombonanza 2011. La tienen clara con las notas.
 
Hace 12 años cuando Rubén Carughi y un grupo de músicos comenzaban a delinear lo que fue la primera Trombonanza seguramente no se imaginaron que su éxito llegaría tan lejos. Hoy no sólo los espectáculos y las clases magistrales forman parte de un programa único en el país, sino que desde hace dos ediciones, jóvenes músicos tienen posibilidades de participar de un concurso para ser calificados por los mejores maestros.

La noche del martes 26 de julio estaba fresca. El programa anunciaba para las 20 la presentación de los dos ganadores del Concurso para Jóvenes Solistas. El interior del Paraninfo de la UNL acogía a los primeros que iban llegando y la música reunía a todos una vez más. Después de ver las presentaciones de Jonatan Otero (Eufonio) y Federico Gonzalvez (Trombón) no cabía ninguna duda de que Santa Fe tiene asegurada su permanencia en el mundo de Trombonanza.

“A mitad de primer año en la escuela de música teníamos que elegir un instrumento. Yo había pensado en el violín, estaba seguro que quería el violín. En un momento el director, después de dar una charla y dejar que algunos docentes nos contaron sobre cada instrumento, nos dice, ‘bueno, ahora cada uno vaya y párese al lado del instrumento que quiere tocar’. Y yo, me fui derecho al trombón -recuerda Federico Gonzálvez-. No sé qué fue lo que pasó en el medio de lo que yo traía y de lo que hice, pero estaba seguro de que quería el trombón. Volví a casa y dije: ‘voy a tocar el trombón’, mis viejos no lo podían creer. ¿Y el violín? Bueno, no hubo problemas, ellos siempre me apoyaron en todo y lo iban a seguir haciendo”.

El tiempo le fue dando a Fede la certeza de que estudiar no iba a ser sencillo, que había muchos retos por superar antes de poder pensar que tocaría el trombón como él deseaba. “A esa edad, lo primero que hacés con un instrumento es hacerle caso a tu profesor y Rubén nos daba las clases a todos juntos; eran casi magistrales, donde cada uno tenía un instrumento... menos nosotros”, dice Fede, y cuenta que al principio en la escuela tocaban con una manguera y un embudo “pero cada uno llevaba su boquilla, y ahí aprendíamos a soplar. Sólo podíamos tocar tres notas con ese ‘instrumento’, pero hasta que las aprendiéramos iba a pasar un buen rato”. El método utilizado tenía que ver con que, según Fede, en la escuela no había tantos trombones como ahora y además hay que estar seguro de que es el instrumento que se quiere para hacer una inversión de esas; así que el de Fede llegó casi dos años después cuando sus papás estuvieron seguros de que era lo que quería.

Quéééé

¿El qué? Le preguntan sus amigos a Jonatan cuando dice que toca el eufonio. “Algunos ni saben lo que es, a otros tampoco les importa demasiado que yo pase mis horas ensayando ese instrumento”, dice Jonatan Otero, quien arrancó con la música de muy chico.

A diferencia de Fede, Jonatan tenía su hermana que estudiaba en el Liceo y hacia allí partió él cuando tenía aproximadamente unos 10 años. Pero los primeros indicios fueron con la trompeta. “No sé si hubiera elegido otro instrumento. La trompeta me gustaba, estaba muy bueno para mí a esa edad y se dio que pude hacerlo. Estudié durante cinco años y después dejé para irme a la Escuela de Música” . Una vez en la Escuela, el futuro musical de Jonatan quedaría en manos del eufonio. “Creo que el cambio fue porque me atraía más la familia del trombón”, rememora.

Posibilidades

Fue un poco por decisión, otro poco porque era una oportunidad única que ambos se presentaron en el 2º Concurso para jóvenes solistas que organiza Trombonanza desde el pasado año. “Yo había recibido las bases por Internet y me decidí a participar. Había una obra para trombón tenor, una para bajo, una para eufonio y una para tuba. Para trombón teníamos una obra que yo conocía. Teníamos que grabar la obra que ellos nos pedían sin música de fondo”, señala Fede, que cuando recibió el llamado porque había sido seleccionado por los mejores maestros de Trombonanza, quedó del todo satisfecho con su trabajo. “Sabía que había hecho un buen trabajo, me había esforzado y la grabación había quedado muy bien. No sabía que iba a ganar pero había hecho todo para que así fuera”.

Para Jonatan, ésta era la primera participación en un concurso de estas características. “Ah gracias, le dije a Rubén cuando me llamó para avisarme - risas- es que estaba dormido, era sábado a la mañana,” admite.

El premio para ambos fue presentar su obra en el Paraninfo. Tocar para un público conocedor y atento. Dejar brillar su arte entre los mejores maestros y trombonistas de todo el mundo que habían venido a la ciudad para participar de Trombonanza y esa noche los aplaudieron.

“Mi plan es seguir estudiando música. Me gustaría ganarme una beca o alguna posibilidad de estudio en otro sitio”, comenta Fede. “ Para mí el lugar ideal sería irme a Alemania, Israel o EE.UU., dado que esos son los mejores lugares para poder ir a estudiar trombón”.

“En realidad, todavía no sé qué voy a hacer -dice Jonatan- me interesa mucho la idea de estudiar música, pero también me gustaría estudiar ingeniería, porque me gusta mucho también”.

Federico y Jonatan son parte de un semillero de jóvenes músicos que se va gestando en la ciudad, que comienza a hacer sus primeras armas en la Escuela de Música o en Liceo y que sueñan como cualquier joven, pero que dedican sus horas a hacerlo realidad.

La hora de las responsabilidades

Federico Gonzálvez está en cuarto año de la Escuela de Comercio, Domingo Guzmán Silva, y para él cursar en paralelo en las dos escuelas es algo que ya tiene incorporado. Intenta distribuir sus horarios para poder cumplir con ambas. Estudiar un poco de música, ensayar, cursar y además cumplir con sus deberes de estudiante secundario.

Sus amigos ya están acostumbrados a los horarios de Fede. Tratan de organizar las actividades para qué el pueda estar presente. “Yo desde un principio hablé con ellos y les conté como eran mis actividades y entendieron rápidamente”.

Desde hace un año atrás para Jonatan las cosas son más complicadas, a sus horas de cursada en la Escuela Industrial Superior donde está llevando adelante la carrera de Técnico Mecánico se le suma que el año pasado rindió un examen para entrar en la Banda Municipal “para mí es muy importante. Fue en mayo del año pasado cuenta- en la Banda hay lugar para dos Eufonios, había una vacante concursé y entré. Me viene muy bien, porque en verdad necesitaba esta posibilidad. Me gusta mucho, es un lugar que me gusta y aunque me lleva tiempo -ensayan martes, miércoles y jueves intento organizarme para que todo pueda ser posible. Estudio un poco de música en mi casa, los lunes y martes tengo doble turno en la EIS, y de ahí a veces salgo a ensayar” dice Jonatan.
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