No hay que ver para crecer
Pablo Ceballos, Roque Acosta, Mili Roldán y Sebastián Caminiti son las voces de esta semana. Los cuatro, aunque distintos, comparten sin conocerse ideas y sentimientos que fueron para nosotros el motor para iniciar esta nota. Son trabajadores, estudiantes, pero principalmente amantes de la vida. ¡Ah! también son ciegos. Pero, para ellos, esta es una circunstancia que no les impide proyectar y soñar lo mismo que el resto.
 
El mundo de los ciegos genera en muchos el desafío de encontrar el modo de incluir a quienes no ven con respeto y generosidad. Pero quienes miran sin ver refieren siempre que su mayor escollo en la vida no son las bicicletas en las veredas, o los canteros fuera de lugar, o los equipos de aire acondicionado o los semáforos con los que con frecuencia se chocan. Las grandes barreras que se interponen entre ellos y su inclusión social son el prejuicio y el desconocimiento. De un lado y del otro. Te invitamos a leer este informe con esa premisa: encontrar en qué aspecto de tu vida sos vos quien limita tu crecimiento y qué parte se lleva el resto cuando condiciona ese salto que querés dar y sentís que no podés.

Ver o no ver resulta irrelevante si lo que en realidad cuenta es la esencia de cada persona. Saint Exupery lo dijo ya en El Principito y hay historias que lo confirman todo el tiempo. No ver plantea el desafío de agudizar otros sentidos y también coloca barreras que la persona ciega asume como parte del juego pero que son más difíciles de superar para quien sí puede ver.

“Hay que verse en el lugar del otro”

Pablo tiene 31 años y desde que tiene 10 es ciego. Nació en Córdoba pero hace casi ocho años vive en Santa Fe. Aquí formó su familia con su mujer, a quien conoció durante una capacitación en la universidad y una hija de 2 años que se llama Lucía. Él trabaja en la Secretaría de Derechos Humanos en el área de promoción, protección y difusión de derechos de incidencia colectiva. “El aporte que hago en mi trabajo es igual que el de cualquier otra persona. El hecho de tener una discapacidad no te habilita o deshabilita ni te agrega algo en particular para desempeñar tu trabajo, creo que tiene más que ver con la idoneidad, la vocación las ganas, las cualidades como persona. Se puede presentar en los dos lados que teniendo una discapacidad hagas un trabajo excelente o uno no tan bueno y en quienes no son discapacitados sucede lo mismo”.

Para Pablo, la posibilidad del trabajo y la familia son cosas que “se dieron así. Un par de oportunidades y de posibilidades que las aproveché y aquí estamos”. También hay una cuestión de actitud en Pablo. “Me llevo fenómeno con mi ceguera, la tomo con humor, creo que cuando uno tiene una discapacidad tiene que asumirlo. Primero para vivir con una discapacidad y no sobrevivir y padecerlo uno tiene que asumirse a uno mismo con sus virtudes y limitaciones. Nunca renegué de mi discapacidad y puedo llevar una vida normal con eso”.

Para Pablo “muchas veces la inclusión se hace difícil no por falta de voluntad sino por falta de información”.

Manos que ven

Roque (28) y Mili (28) se conocen desde que iban juntos al jardín de infantes y luego comenzaron a trabajar en el taller de telar de la Asociación Civil Nueva Cultura desde hace menos de un año.

Mili - Pensamos que iba a ser difícil, al principio cuesta pero después le agarrás la mano y es más fácil.

Roberto - Al principio costó un poco pero se aprende y ya hemos tejido bufandas, alfombras, caminos de mesa.

Venden lo que producen y hacen trabajos por encargue. Reciben mails con pedidos en telaresmanosqueven@hotmail.com  

Roberto - Con el dinero que cobramos conformamos nuestro sueldo y una parte queda para el taller para comprar material o para hacer viajes de paseo.

Mili - Lo hicimos primero para probar y nos gustó y entonces dijimos que podríamos trabajar con eso y se formó el grupo. Nuestras familias se pusieron contentas porque podíamos tener nuestros primeros ahorros.

Mili trabajó por primera vez vendiendo panes caseros y empanadas en el trueque de la Estación Mitre. Roberto trabajó antes como telefonista en una remisería.

Mili - El trabajo para las personas que no ven es difícil porque hay mucha gente que no nos conoce y por eso no se imagina que podemos trabajar casi como cualquiera. Sos ciego, no inválido, podés hacer un montón de cosas.

Estudiante y futbolista

Sebastián (30) trabaja en la Municipalidad de Santo Tomé, también juega en Los Búhos, la selección santafesina de fútbol para ciegos. Pero lo entrevistamos porque además de todo eso estudia abogacía en la UNL.

Cursó sus estudios en la escuela San Cayetano, donde sus padres trabajaban. Su vocación tuvo que decidir entre el periodista deportivo y el experto en leyes. “En su momento pensé que era una carrera que podía tener más campo de acción y mas posibilidades laborales”.

Sebastián estudia desde el año 2000, dejó en 2004 y retomó en el 2009. Al principio grababa las clases en cassette, hoy usa un dispositivo digital. Antes transcribía todo al Braille, hoy con su compu lo resuelve más fácil. “Mis compañeros son muy solidarios, los profesores no tienen problemas con que grabe las clases, fue bastante llevadero y el resto depende de mí: sentarme varias horas a estudiar”.

“Ahora, gracias a la tecnología uno se independiza mucho más pero el apoyo de la familia es esencial”, dice Sebastián. “Veo que se va tomando mas conciencia que los discapacitados también toman más conciencia de sus posibilidades, con la tecnología se logró establecer un mayor campo de trabajo para nosotros, lo veo en franca mejoría por supuesto que hay muchas cosas que corregir pero todos de a poco vamos mejorando. Mi sueño es recibirme y poder ejercer la profesión, es una tranquilidad trabajar y tener una fuente de ingreso, tener una familia como cualquiera”.

Entre quienes ven y quienes no ven, los sueños son los mismos, trabajo, salud, familia, independencia. Las necesidades también, respeto, cariño, comprensión.

Las historias que presentamos aquí son sólo algunos ejemplos de las vidas que llevan en la ciudad muchas personas. Un inicio para empezar a conocer o para comprender que muchas cosas son posibles aunque a primera vista no se presenten así y que sólo es cuestión de construir paso a paso un lugar de encuentro e inclusión en el que aprovechemos nuestras diferencias en favor de todos.

En fin, te dejamos con la propuesta servida. Aunque para unos sea más difícil que para otros, para nadie es imposible. El esfuerzo, la voluntad, la constancia y, claro, la ayuda solidaria de quienes más te quieren, son la clave para lograr aquello que te propongas.

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