La red social de la mente que te jaquea
“El ajedrez fue lo mejor que se me pudo cruzar en la vida. Jugarlo desde chiquita me permitía, durante la partida, resolver problemas razonando lógicamente cada movimiento”, confiesa Gisela Domínguez mientras sonríe. Comenzó a descubrir el juego a los 7 años. Hoy con 19 abriles ostenta un cúmulo de trofeos y competencias que la perfilan como referente joven del juego-ciencia santafesino.
 
—¿Qué representa el tablero para vos?

—Fundamentalmente representa un noble deporte, algo muy instructivo. La clave está en ejercitar la mente y aprovechar lo aprendido, incorporándolo a tu vida. En mi caso me ayudó a ser más estricta en mis estudios, a concentrarme. El ajedrez estimula funciones y fomenta la focalización. Su práctica también permite el desarrollo de una red social lejos de la computadora.

En su impronta por dar cuenta de la pasión hacia la disciplina, Gisela comenta las virtudes sociales del deporte: “Pude conocer muchos amigos con los que comparto la misma pasión. Sin ir más lejos, a mi mejor amiga la conocí por medio del juego. Definitivamente es una red social”.

—¿A qué edad es recomendable comenzar?

—No hay una edad establecida, lo ideal es entender el juego desde pequeño a través de material visual, práctico, para después empezar a mover las piezas.

Jaque mate al aburrimiento

Para Mauro los comienzos fueron distintos, si bien hoy puede reconocer en el ajedrez una pasión que lo motiva, su llegada estuvo lejos de ser por admiración a la disciplina o por un familiar que lo inspirara: “Empecé a jugar al ajedrez a los seis años en la escuela primaria, porque en la hora de matemáticas me aburría, terminaba las cosas antes y la maestra no sabía qué hacer conmigo, entonces me mandaba al taller de ajedrez”, cuenta este joven santafesino de 19 años que hizo sus primeros años en la escuela Belgrano, donde se lleva adelante un taller de ajedrez.

Con el paso del tiempo, Mauro comenzó a motivarse, y empezó a practicar durante los siguientes tres años de la escuela primaria. “Cada tanto, jugaba un torneo en la escuela o participaba de intercolegiales”, detalla.

—¿Siempre fuiste bueno?

—No, al contrario. Siempre perdía, no sacaba nunca algo bueno. Al tiempo que comencé a jugar vino la inundación y a nosotros nos tapó el agua. Recibí una beca para comenzar a jugar en el Club del Orden. Arranqué allí con un profesor y la misma competencia me empezó a mejorar un poco el nivel. Igual, hubo un tiempo en el que no ganaba nada.

Mauro recuerda aquello como una etapa necesaria para que después llegaran los buenos tiempos. “El primer torneo que gané fue a los 10 años. Me acuerdo de que era un Día del Padre y a la semana volví a ganar y no había perdido ninguna partida. Ése fue el principio para cambiar la racha, porque ya tenía otra manera de posicionarme frente al juego, otra actitud, sabía que podía”.

Un referente en su familia fue su hermana dos años mayor, que iba a su misma escuela y tuvo la oportunidad de desarrollarse en el juego. Mauro recuerda que el docente le veía mayor potencialidad a ella que a él, pero “eso nunca lo vamos a poder saber, porque no siguió jugando”, cuenta.

Para Mauro no fue fácil seguir el juego. Al ver los comienzos de este ajedrecista, en momentos en los que las cosas no eran fáciles, sus padres empezaron a tantearlo para averiguar si pretendía seguir o abandonar. Pero para él no existía esa segunda opción. “Yo les decía que no. Yo quería seguir. Me gustaba, me entretenía, era como que me hacía bien jugar. No quise dejar, porque el juego me seguía gustando. Cuando empecé a ganar cambiaron las cosas y ellos pudieron ver que, más allá de haber perdido, iba a llegar el momento en el que iba a ganar algo”.

Juego abierto

A nivel local, Gisela continúa siendo un referente.

—¿Cómo ves el circuito ajedrecista en Santa Fe?

—Este año comenzó bien, se concretaron varios torneos locales. Sería ideal contar con la actividad más frecuentemente para que no se pierda la práctica, igual es prometedor. Resulta interesante participar de las convocatorias.

Con prestigio intelectual y como herramienta lúdica, el juego inculca principios y valores en el deportista. Gisela destaca el apoyo de su familia: “Mi mamá todos los domingos me acompañaba a los torneos locales y papá se encargaba de acompañarme cuando me tocaba jugar en el interior. El respaldo de la familia es muy importante”.

Al contrario de lo que algunos prejuzgan, no necesariamente se debe considerar que el ajedrez es sinónimo de aburrimiento. “Todo lo contrario -dice Gisela-, es divertido practicarlo. Obvio que tuve que sacrificar salidas con amigas cuando me tocaba asistir a clases los domingos por la mañana, pero la pasás muy bien. Cuando lo entendés termina por maravillarte, siempre hay algo que descubrir”.

Quién mueve

En el poema “Ajedrez”, Jorge Luis Borges decía: “Dios mueve al jugador, y éste, la pieza”. Gisela elige al rey: “Es la única pieza que siempre estará en el tablero”. Mauro no se reconoce con alguna jugada o alguna pieza. Para él todas son importantes en el tablero. “Conozco jugadores que han perdido torneos por un peón”, sostiene. En cambio, cree que sí ha adquirido un estilo: “Es muy difícil plantear una jugada porque todas las partidas son distintas, pero sí se puede plantear un estilo de juego personal, un estilo propio: hay jugadores que son conservadores, hay otros más arriesgados; yo me considero un jugador que trato de combinar ambas formas, y no siempre me sale bien”, admite.

En passant

Gisela Domínguez divide su tiempo entre su pasión deportiva y la enseñanza: “En la actualidad, enseño ajedrez a nenes de 5 y 6 años, también a mayores”, cuenta. Además combina eso con su cursado en la Facultad: “Estudio ingeniería industrial, por lo que a veces se me complica para entrenarme a fondo, pero me organizo lo mejor posible”.

Jovial, Gisela se entusiasma enfocando su trabajo en el sueño de todo ajedrecista. Mientras hacíamos esta nota se preparaba para ir a jugar el Mundial a Grecia, donde estuvo participando días atrás.

Alejarse de la disciplina para Mauro vino de la mano de su ciclo escolar. “Cuando estás en la escuela es como que se hace más sencillo. Podés justificar las faltas, tenés acompañamiento, no tenés tantos problemas. Pero al salir, las cosas cambian y comenzás otras etapas”.

Actualmente Mauro estudia periodismo deportivo. Cuando se decidió por la carrera fue de alguna manera pensando mucho en su relación con el ajedrez y lo expresa sinceramente: “Hoy, si bien todavía tengo posibilidades de jugar en el Sub 20 -que tengo idea de competir el próximo año porque es mi última oportunidad-, ya no le puedo dedicar el mismo tiempo que le dedicaba antes. Trabajo y estudio, pero desde el periodismo considero que puedo acompañar y mucho al crecimiento de la disciplina. Una de las cosas que recuerdo de cuando jugaba era que no tenía mucha difusión, así que quizás desde mi profesión pueda dar una mano con eso. No sé si pienso en llegar a ser un periodista especializado en ajedrez -los hay, por ejemplo en Buenos Aires y son muy buenos- pero sí, aportar”, destaca el futuro colega.

Desde Grecia y con mucha ilusión Gisela se comunicó con O sea y nos contó que “el nivel es muy fuerte, pero estoy haciendo todo lo posible. Hay jugadores que se dedican específicamente al ajedrez, y yo no. Es ahi donde están las diferencias”. Al cierre de esta edición, Gisela había logrado el puesto 43ro. en mujeres. El ajedrez cuenta con un espléndido futuro.

Vuelve Borges: “La mano señalada del jugador gobierna su destino, un rigor adamantino sujeta su albedrío y su jornada”. Jaque mate.

Colaboración especial: Mauro Zárate.
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