Croacia, crecer viajando
“Sumar kilómetros resta prejuicios”, dice Lucía Brummich, quien en febrero de este año armó sus valijas y partió a Croacia para estudiar la lengua de aquel lejano país donde nacieron sus abuelos. En este Lejos de Casa nos cuenta cómo fue descubrir esas tierras de Europa Central, mientras a la vez descubría mucho de sí misma y de sus orígenes.
 
Lucía tiene 25 años, nació en nuestra ciudad y es estudiante de Nutrición en la Universidad Nacional del Litoral. Es una apasionada por la danza, y de naturaleza muy curiosa. Esa última característica sea quizás la que la envío a a atravesar el océano para conocer Croacia, pero mejor dejamos de especular y le damos la palabra:

Hace unos diez años vi por primera vez La naranja mecánica, la mítica película de Kubrick, e instantáneamente sentí una gran curiosidad por el nasdat (jerga inventada por A. Burguess, autor del libro en el cual se basa la película). Cuando investigué sobre su origen, descubrí que estaba basada en lenguas eslavas y no pude evitar relacionarlo con el origen de mi familia paterna: mi abuela nació en Korc(ula (isla del sur de la región de Dalmacia, Croacia) y mi abuelo en Func(ic’i (villa del centro de la región de Istria, Croacia). Ese pequeño descubrimiento me motivó mucho y en el 2004 comencé a estudiar la lengua croata. Después por diferentes motivos dejé de estudiar, pero la semilla quedó ahí, latente y en el 2010 me di cuenta que necesitaba viajar sola y empecé a considerarlo seriamente. Tenía ganas de viajar lejos y formar parte de una sociedad distinta, relacionarme con gente con mentalidad y carácter diferente. Nuevos horarios, sabores,olores e idiomas. Y sobre todo desafiarme a ver si era tan valiente y práctica como creía que era.

El 2011 me encontró con más tiempo. Decidí entonces retomar con dos cosas que venía postergando desde hace mucho: el idioma croata y la danza contemporánea.Me acerqué al Centro Croata de Santa Fe y allí hablé con su presidente Rosa Bondulichmi. Cuando le comenté mi interés de volver a estudiar croata ella me recordó la posibilidad que tenía como descendiente de aplicar a una beca para estudiar el idioma en Zagreb, la capital de Croacia. La combinación fue perfecta. Había considerado muchas opciones para pasar un tiempo en el extranjero, pero ésta era la mejor. Ni lo dudé. Esa misma noche a las 11 pm Rosa me envió toda la información al respecto, y comencé con la aplicación. Soy una persona muy optimista y desde un primer momento supe que iba a obtener la beca. Y desde ese momento empecé a soñar. Felizmente, tres meses después me envían la confirmación‘.

Así Brummich se hizo acreedora de una beca Croaticum, que es otorgada por el Gobierno de Croacia a través de su Oficina Estatal para los Croatas en el extranjero y consiste en hasta dos semestres del estudio de la lengua en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zagreb, la Universidad más antigua de Europa Oriental y subvención para el alojamiento en la principal residencia estudiantil de Zagreb, y en la alimentación en los comedores universitarios que hay en la ciudad.

Descubriendo la capital

Poco a poco fui descubriendo la capital de Croacia. Zagreb tiene alrededor de 800.000 habitantes y, se podría decir, por que lo que he visto, que es una típica ciudad europea de tamaño mediano. Es una ciudad segura, donde las billeteras, y las mochilas no corren grandes riesgos. Algo a lo que quizás no estamos muy acostumbrados en nuestras ciudades, pero normalmente si dejaste o te olvidaste algo en un lugar, ahí lo vas a encontrar exactamente en las mismas condiciones. No es que sean extraterrestres, simplemente no se adueñan de lo ajeno.

Con un centro y zona histórica muy atractivos y llenos de tradición, algunos artistas en la calle, mercados y miles de cafeterías siempre llenas. Sentarse a tomar un café turco diminuto medio tibio y charlar durante horas es algo que todo croata hace a diario, todavía me pregunto cuándo es que trabajaba esa gente. Café con leche, lágrima, capuccino o chocolate caliente se ofrecen en cada “kafic’” (café) de Zagreb, pero de medialunas, tostados o cualquier otro tipo de comida ni hablar. Para eso están las “pekarna” o “pekarnica”, las panaderías croatas, que se emplazan en cada cuadra de la ciudad ofreciendo,algunas las 24 horas, desde varillas de pan blanco y muffins, hasta sándwiches, pizzas y productos típicos, todo listo para llevar y comer en la calle. Me costó un poco al principio ver pasar
gente comiendo una porción de pizza a las 10 de la mañana, pero me acostumbré rápido ya que las ‘pekarna‘ son uno de los lugares más visitados por los estudiantes de Zagreb, junto con el parque Maksimir, el lago Jarun y la típica calle de bares Tkalc(ic’eva. Otros de los lugares típicos para los jóvenes es la calle de los kebab “Savski most”, donde los locales están abiertos las 24 horas y está a tan sólo 3 minutos a pie de la residencia estudiantil.

En Zagreb los jóvenes son en general muy activos, tanto en lo deportivo como en lo social. No se abren de un día para el otro, excepto que estén tomando rakija, pero puedo decir que he hecho buenos amigos, respetuosos, sensatos, pensantes, divertidos y desmedidamente generosos. Mucho más simpáticos son los ‘bosnios‘, que es como los croatas llaman a los inmigrantes de Bosnia y Herzegovina.

Por su misma condición extranjeros, encontré a esta gente mucho más predispuesta a socializar con otros foráneos, especialmente con los latinos, considerados exóticos, quienes generamos gran empatía gracias a nuestras telenovelas con las cuales algunos hasta han aprendido algo de español.

Los croatas son fanáticos del fútbol, nacionalistas. Un ejemplo claro es que son contados los bares y discos donde pasan música internacional, mientras que lo normal es escuchar muchos pop nacional y turbofolk, una mezcla bien extraña entre electrónica y metal. Otra característica de los croatas es que se preocupan muchísimo por su apariencia:las mujeres están todo el tiempo einventándose la cara con maquillaje y peinados a prueba de tsunamis con ropa y accesorios a tono. Me llamó la atención que si bien son muy lindas, en Zagreb no existen los piropos, a diferencia de la costa más influenciada por costumbres mediterráneas.

La vida en el campus universitario

La modalidad del curso era intensiva de 2 horas y media de reloj diarias, de lunes a viernes. Los alumnos venían de todas partes del mundo: Argentina, Chile, Perú, Venezuela, Colombia, USA, Canadá, Austria, Congo, Alemania, Macedonia, Francia, España, Portugal y Corea.

El campus de Zagreb cuenta con 11 edificios residenciales, todos con cuartos dobles, y un edificio principal con 3 comedores, oficinas administrativas y postal, lavandería, peluquería, gimnasio, minimercado y hasta un cine. Desde un comienzo deseé compartir cuarto con alguien que no hablara español, y tuve la suerte de que mi compañera de cuarto sea croata, con la cual me comuniqué al principio en inglés y al final, en la medida que pude, en croata.

Como estudiante de nutrición no pude dejar de fijarme en las costumbres alimentarias los estudiantes en el campus: con una dieta en base a lácteos, carne de cerdo, porotos, pocos vegetales y muchos carbohidratos, me llamó la atención que comen mucho, y sobre todo demostrando poca conciencia en el comedor estudiantil: entre ¼ y ½ de la comida que se sirven en el plato, sin tocar, se tira a la basura. Conseguir un trabajo en Zagreb sin una buena base del idioma es bastante difícil. Por lo cual me dediqué sólo al curso, y fue una buena decisión ya que lo aprobé con la mejor nota. Una vez finalizado el curso, al comenzar el verano, la mayoría de mis amigos en Zagreb se habían ido, así que decidí imitarlos y aproveché para recorrer varias ciudades europeas y pasar tiempo con mi familia croata.

Un gran aprendizaje

Si bien durante el viaje podemos encontrarnos con muchas personas, creo que siempre estamos solos. Son momentos de grandes aprendizajes, no sólo a nivel académico y cultural, sino de conocimiento de uno mismo: con el tiempo y la distancia vemos con más claridad todo lo que tiene que ver con nuestro lugar de origen, damos cuenta del valor real de cada cosa. Uno conoce, se encariña y extraña a personas de distintos lugares, lo cual es un vehículo para mantenerse en movimiento y, en la medida que queramos/podamos, seguir viajando.Y al final, si lo hicimos bien, uno siente que tiene más de un hogar en el mundo, y que el afecto no tiene que ver con la nacionalidad o la edad y que las diferencias religiosas o políticas se vuelven motivos de acercamiento.
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