| Ya estábamos en el interior del lugar, la gente iba ingresando de a poco y buscaba, como si fueran a un teatro, el mejor lugar para ver a su banda favorita. Para amenizar una larga espera, se proyectó una película llamada “Grass”, que hablaba y explicaba sobre la costosa lucha de Estados Unidos para desterrar la marihuana del país.
Después de este largo documental de 2 horas y de que mis ojos no den más por leer las famosas letritas chiquitas amarillas, salió al escenario Gpilatti dub, que a pesar de fusionar el reggae con la música tecno que sonaba bastante interesante, no hizo más que enfriar la noche, ya que los espectadores no le prestaron demasiada atención y sino fuera por pequeños grupos aislados que danzaban, pasaba por desapercibido.
Ahora si… ya todos se encontraban en la pista del salón, como esperando a la novia o a la quinceañera, pero por fortuna aparecieron sobre las tablas Los Nonpalidece, que con atuendos similares a túnicas y con rastas de casi un metro, comenzaron un espectáculo de gran nivel y profundidad.
Mientras las luces verdes, rojas y amarillas que simulaban los hermosos colores de la bandera de Jamaica guiaban a los músicos en el escenario, los fanáticos coreaban cada tema y bailaban con ritmos exóticos, como si estuvieran haciendo un ritual o una plegaria para que esa noche nunca se acabe.
La banda proveniente de la localidad de Tigre hizo un extremo repaso por “Nuevo Día”, el cual cuenta con la producción artística de Diego Blanco (tecladista de Los Pericos). Y además anticipó pistas de lo que será su próximo disco a estrenarse a fines del 2005 y que los llevará u una extensa gira por Latinoamérica.
Para hacer reggae hay que sentirlo y disfrutarlo. No es para cualquiera, por más que suene musicalmente simple y monótono, es un estilo de música que tiene mucha historia y que lo persigue toda una cultura por detrás. Bob Marley siempre decía “rastaman vibration” (vibración rasta), y no cabe ninguna duda que esto es lo que corre por las venas de estos artistas.
Damián Kanzepolsky
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