Gastón Baremberg: Hay que pegarle hasta que te sangren las manos
Es el baterista de Fito Páez y ¡es santafesino! Vive en Baires desde hace diez años. Tocó con los músicos más grosos del rock nacional. Junto a Fito también se dio el gusto de compartir momentos inolvidables que aquí relata. Y cuenta lo que sintió cuando tocó en Música en el Río, en la Costanera santafesina.
 
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Gastón tenía nueve años cuando su papá, Jorge, lo llevó a él y a su hermana Maia al estadio cubierto de la Tecnológica (UTN) a ver un recital de rock. Era el show de un tal Fito Páez, que se presentaba en Santa Fe durante la gira de presentación de su gran disco “El amor después del amor” (Warner Music, 1992). Allí debajo del escenario estaba el niño Gastón Baremberg tarareando temas como “Tumbas de la gloria” o “Un vestido y un amor”, sin saber que casi 20 años más tarde subiría al escenario junto a Fito para pegarle a la bata como un loco al grito de “¡A rodar mi vida!”. Aquel recital “fue algo inolvidable”, rememora hoy el santafesino que un día llegó a ser baterista de la banda de Fito Páez. Tan inolvidable como su primer recital con la banda de Fito, en Buenos Aires y ante unos 20 mil espectadores: “Mientras transcurrían los temas se me pasaban por la cabeza las imágenes de cuando yo era uno del público”.

Esta delirante “Rueda mágica” trajo este verano a Gastón junto a la banda de Fito a tocar en su Santa Fe. Fue un multitudinario recital junto a la laguna Setúbal, la noche del domingo 26 de febrero, en el cierre del festival Música en el Río. Y fue también la primera vez que Gastón tocó en su ciudad natal con Páez. “Para mí, tocar en Santa Fe representó algo especial, ¡es mi ciudad!, y con el marco que había en el festival se me mezclaban la ansiedad por tocar, la emoción de ver a toda la ciudad en la Costanera y la felicidad después del show. Fue realmente increíble el cariño que recibí”, revive Gastón.

¿Te fueron a ver tu familia y tus amigos?

Sí, fue mi familia y muchos amigos. Después del recital me dijeron que parezco ¡un loco por cómo muevo la cabeza cuando toco! (risas). Y la verdad es que todas las personas que se acercaron me hicieron sentir muchísimo el cariño.

Darle a la bata en un tema como “Ciudad de pobres corazones” debe ser muy power, ¿no?

Es un tema muy intenso, hay que pegarle hasta que te sangren las manos... Imaginate que la letra te está hablando de algo muy oscuro (“en esta puta ciudad/todo se incendia y se va/matan a pobres corazones). No es una canción para tocar liviano. Y claro que es un lujo, es una de las grandes canciones de la historia del rock argentino.

Ojo con lo que soñás

Esta increíble historia no empezó en aquel recital de Fito en la Tecnológica. Comenzó cuatro años antes, cuando Gastón tenía 5 “pirulos” y sus abuelos le regalaron una batería de juguete. “Ahí arranque a pegarle a todo lo que encontraba en el camino”, reconoce. “Y a los siete (años) empecé a estudiar formalmente con Guillermo Gervasoni (ver relacionada), que fue mi maestro de toda la vida”.

Así como “El amor después del amor” fue grabado por Fito mientras decidía su exilio en Brasil y Madrid, y el éxito lo trajo de vuelta a Argentina, si se hace un paralelismo con el destino, la oportunidad de tocar en la banda de Páez hizo regresar a Gastón a Argentina desde Madrid, donde había decidido irse detrás de su sueño. “En el 2009 estaba instalándome en Madrid –recuerda- cuando me llega la oportunidad de hacer una prueba. Fito estaba armando la banda para hacer la gira de “Confía”. Hice la prueba en diciembre de 2009 y en enero me avisó que quedé en la banda”.

El contacto para la prueba en la banda de Páez se lo entabló su común amigo, el músico rosarino Gonzálo Aloras, quien había sido guitarrista de Fito.

¿Te acordás qué te dijo Fito Páez cuando quedaste en la banda?

Fue un proceso bastante largo, porque después de la prueba me habían dicho que en una semana iba tener noticias, y la semana se convirtió en casi un mes. Ya no sabía cómo hacer para controlar la ansiedad. Hasta que llego el llamado. Me acuerdo que Fito Páez me dijo una frase: “Cuidado con lo que desees porque un día se te puede cumplir. ¡Bienvenido! Ahora, a laburar”.

Giras y giros

Gastón, ¿cómo es tu relación musical con Fito?

Muy buena, es una persona a la que le estaré eternamente agradecido por las enseñanzas, las vivencias y las oportunidades que me dio. Como “jefe” es implacable, y una de las personas más profesionales que conocí. El rigor con el que trabaja y se mueve constantemente es admirable. Y como amigo es de una generosidad sin límites.

¿Cómo son los ensayos, las giras y la creación musical con Fito?

Bueno, es una experiencia intensa. Los ensayos pueden ser sesiones de 8 a 10 horas, durante un mes, donde la disciplina y la dedicación es total. Fito se desgasta y hace una entrega similar a los shows en vivo, por ende, uno no puede relajarse, cada tema que se toca en el ensayo es como si fuese en vivo... ¡con todo!

Las giras son la posibilidad de tocar por todo el mundo, en lugares que nunca me imaginé conocer, como Honduras o Los Pirineos. La gira de “Confía” nos llevó a más de 16 países, y al estar tanto en la ruta la banda se convierte en lo más parecido a una familia. Y es impresionante estar viajando, conociendo lugares increíbles, los mejores teatros y escenarios, y estar en contacto con músicos alucinantes.

Abre

Gastón Baremberg “zarpó” de su Santa Fe natal rumbo a “las capitales” hace unos diez años. Dejó atrás su casa paterna, a la vuelta del Teatro Municipal, sus días en la escuela Industrial y sus clases de batería con el maestro Guillermo Gervasoni, para buscar en Buenos Aires cumplir su sueño. Hoy tiene 27 años y vive solo en un departamento en el barrio porteño de Saavedra. Ni bien llegó a Baires tomó clases de técnica de batería con Cristian Judurcha. Se “escapó” a Madrid, hasta que volvió para concretar su sueño de ser parte de la banda de Fito Páez.

Ser parte de la historia viva del rock nacional junto a Fito le abrió las puertas a Gastón para cruzarse y compartir música con los “grosos” de la historia, como el recientemente fallecido Luis Alberto Spinetta y sus hijos, Charly García, Fabi Cantilo y Andrés Calamaro, entre otros. “Hay grabaciones, shows en vivo, noches de copas, viajes”, enumera Gastón.

Es la medianoche

“Luis era luz”, elije para describir al “Flaco” Spinetta. “Tuve la suerte de tocar con él en el programa de televisión que conducía su hija (Catarina junto a Tom Lupo) en Volver Rock. Luis llamó a Gonzalo (Aloras) para hacer un tema y me convocaron para tocar la batería. Hicimos “Es la medianoche”, un temazo del disco Don Lucero (Del Cielito, 1989)”, recuerda emocionado Gastón. Ese momento imborrable se puede ver en Internet.
 


"A partir de aquel día me crucé al Flaco en otras ocasiones. Soy amigo de los hijos (Dante, Catarina, Valentino y Vera), toqué con Valentino… siempre nos juntamos a tocar”, cuenta, y luego regala otra anécdota exquisita: “En diciembre de 2010 tocamos en el abrazo a Chile (con los músicos más grosos de Argentina). Compartimos momentos increíbles. Un día en el hotel bajamos a la piscina y estaba con Baltasar Comotto, éramos varios, entonces vemos que baja Luis (Spinetta), en eso entra un chileno fanático con su novia, una camarita y una guitarra. ‘Maestro, le quería hacer un tema a usted’. Y se pone a tocar delante de todos nosotros. Luis lo mira, le dice ‘no, noo’, le agarra la guitarra y le empieza a pasar los acordes. El pibe casi se muere, y nosotros nos morimos de risa”.

Gastón, para cerrar la conversación… ¿proyectás tu futuro musical?

La verdad es que soy un total desconocedor del futuro, ¡ja!; si hay algo de lo que me fui dando cuenta es que uno nunca sabe dónde puede terminar. Lo que sí pretendo es seguir grabando discos, viajando y por sobre todo aprendiendo, y tratando de ser mejor músico.

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