| Un tal Mauricio, el santafesino que hace cine con Pino Solanas |
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Mauricio Minotti
osea@ellitoral.com
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| Mauricio Minotti tiene 32 años y es un realizador cinematográfico santafesino que reside en Buenos Aires. Aquí te cuenta su experiencia sobre cómo se puede forjar un sueño, cuando la pasión es la llama que alimenta el motor. |
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Este es el video "El rock and roll me está matando", realizado por Mauricio Minotti:
Mauricio se identifica con realizadores como Martin Scorsece, Jim Jarmusch, Paul Greengrass, Juan José Campanella, Adrián Caetano, Fabián Bielynsky y Marcelo Piñeyro. Elige como lectura Pendejos, de Reynaldo Sietecase; un puñado de cuentos sobre adolescentes criminales o marginales. Es un buscador de ideas, historias o personajes que lo ayuden a plasmar un guión cinematográfico.
Para un sábado por la noche, con lluvia, prefiere ver las películas Amadeus o Luna de Avellaneda. Su placer es comer pizza de provolone con cerveza y dormir la siesta los fines de semana, como buen santafesino. Teme morir antes de haber vivido lo suficiente y sueña con que su profesión lo lleve a conocer distintos países y culturas.
Aquí, la charla con Mauricio Minotti:
¿Estudiaste cine en Santa Fe o en Buenos Aires? ¿Cómo nació la vocación? ¿Cuáles fueron tus primeros trabajos? Desde muy chico quería ser piloto de aviones militares, pero a medida que crecía, me fui enterando lo que habían hecho los milicos durante los años de plomo y de lo que verdaderamente era ser militar en Argentina. Nada tenia que ver con lo que había visto en “TOP GUN”. Me gustaba mucho más el mundo que mostraban las películas que el real. A la edad en que mis amigos iban a los boliches yo me encerraba los fines de semana con 5 o 6 películas y no salía hasta verlas todas. Creo que ahí nació la inquietud por el cine.
A los 18 años, en Santa Fe estudié en el Taller de Cine de la Casa de la Cultura con El Conejo López y El Turco Hechim. Allí aprendí lo básico del lenguaje y como operar una cámara. Pero siempre mi sueño fue estudiar en la Escuela Nacional de Cine. Pero eso iba a tener que esperar un tiempo ya que mis viejos no podían ayudarme económicamente para vivir en Bs. As. Entonces estudié fotografía y más tarde actuación en la Escuela Provincial de Teatro. Allí conocí gente maravillosa e hice grandes amigos que todavía conservo. Paralelamente, laburé haciendo teatro infantil con el Grupo La Gorda Azul y también fui camarógrafo de Lucho Catania en “Entre Mate y Mate”, cuando estaba en Canal 9 de Paraná.
En febrero de 1999, tomé coraje, armé las valijas y me vine para “la capi”. Un amigo me prestó una habitación que en realidad era una sala de edición. Dormía entre máquinas y cassettes. Tenía plata para vivir unos dos meses, tiempo suficiente como para conseguir trabajo. Eso creía yo, la desocupación en ese momento era terrible.
La llegada a Buenos Aires fue shockeante, pasé de vivir con mis padres a estar totalmente solo en un lugar dentro de mi país donde uno se siente extranjero. No parece pero hay costumbres que no tienen nada que ver con las de Santa Fe. Cuando estaba a punto de pegar la vuelta al pago, me tomaron en un lugar para editar sociales (cumpleaños de 15, casamientos). No era el mejor laburo pero lo sabía hacer y muy bien. Esto me permitió quedarme y pagarme los estudios. Una vez acomodado, rendí un examen para entrar a la ENERC, una escuela estatal considerada entre las mejores de Latinoamérica. Cada año se presentan unas 700 personas para el ingreso y sólo entran 60. Cuando me enteré que me habían aceptado, llamé a mis viejos desde un locutorio y no podía parar de llorar. A los 25 años pude cumplir un sueño tan anhelado.
Más tarde trabajé como camarógrafo en documentales para TV con Sergio Bellotti, Fernando Spiner, Nicolás Sarquís. Una vez recibido, comencé a laburar de compaginador-editor. El primer trabajo lo hice en una película de Carlos Sorín, después hice un trabajo con Eduardo Mignona y su hijo. De allí pase a Cinesur la productora de Pino Solanas. Hace dos años y medio que estoy colaborando con él en la edición de sus películas. El año pasado fuimos juntos a Santa Fe para el estreno de ARGENTINA LATENTE. Fue realmente muy emotivo porque la gente salía del cine y no me decían si les había gustado o no la peli, emocionados me daban un apretón de mano y me decían “gracias”. Yo no entendía nada pero fue el mejor regalo para este periplo que había iniciado unos cuantos años antes. Sentí que tanto esfuerzo había valido la pena y la gente me agradecía eso, que lo haya intentado.
¿Qué tan difícil es despegar, arrancar en la profesión? El ambiente del cine es chico y cerrado. Es difícil entrar en el circuito profesional pero no imposible. Hoy se da la particularidad de que hay muchísima gente tratando de meterse en el medio y el mercado está saturado. Yo lo que recomiendo es formarse constantemente, ya sea en escuelas, cursos o de forma autodidacta. Pero sobre todo hacer cosas para que te conozcan. Acá no importa el currículum ni lo talentoso que decís que sos, sino lo que hiciste o hacés. Desde un corto, una animación, un video clip, una película, lo que sea. Allí realmente se ve lo que sos capaz de hacer y las ganas que le ponés a las cosas. Mi primer laburo profesional me recomendó un compañero de la escuela de cine. Eso fue un primer paso porque después tuve que demostrar que era responsable y no le tenia miedo al laburo. Eso se valora mucho y te permite acceder a otros trabajos.
¿Cuál fue tu laburo más importante? Yo diría que son dos las experiencias laborales con las cuales crecí mucho y las dos son bastantes opuestas. Por un lado participé en la edición de dos películas hechas con nada de dinero y en el cual los actores son vecinos de un pueblo que se juntan a filmar una película o dos por año o una telenovela. Esto ocurre en Saladillo, un pueblo de la provincia de Buenos Aires de 30.000 habitantes. La movida es increíble porque le cambió la vida a la gente que participa. Y lo maravilloso es que realizan filmes de todos los géneros que van desde el melodrama a la comedia pasando por el policial. Casi todo el pueblo se involucra. Hasta el intendente siempre liga un papelito. En ese caso editamos los fines de semana o después de llegar de nuestros trabajos. Es agotador porque casi siempre terminamos unas horas antes del estreno. Por otro lado, una experiencia mucho más profesional es la que estoy haciendo ahora con Pino Solanas. Estas si son películas donde hay dinero. Por lo tanto pasamos meses hasta lograr armar una película que tenga una propuesta interesante. Un documental es un rompecabezas, hay miles de posibilidades para armar un relato y uno se pasa mucho tiempo tratando de encontrar la mejor forma. Además Pino es un tipo con mucha experiencia de laburo con mucho camino recorrido. Tiene una energía envidiable y es muy inteligente.
¿Tenés familia allá? Estoy casado hace tres años, con Carolina, también santafesina y productora. No tengo hijos. La mitad de mis amigos son porteños y la otra mitad exiliados santafesinos, como les digo yo.
¿Cómo nació la idea del trabajo con los chicos de Siete millas? La imposibilidad de viajar seguido, el aumento de obligaciones aquí y las relaciones que unos va generando hace que uno pierda contacto con Santa Fe y su gente. Pero lentamente estoy pegando la vuelta. El video clip de Siete millas es un ejemplo. Yo los conocí a través de mi hermano, José Minotti que es su manager. Ellos habían grabado un disco y tenían ganas de hacer un video. Yo tenia ganas de dirigir algo, entonces elegí un tema que me gustaba, les mandé un guión, a ellos les gustó y ahí arrancamos. Al principio estaban un poco desconfiados, no entendían muy bien en que se metían, además yo no había dirigidos clips y tampoco soy del palo del rock, como sucede con muchos directores de clips.
Fue una locura hermosa. Rodamos tres días, una barbaridad… ni un cortometraje lleva tanto tiempo. Pero la idea era contar una historia, una especie de película clase b, con mafiosos, armas, chicas malas, etc. Yo convoqué a Claudio Paz, un excelente actor santafesino, un tipazo que se bancó 14 horas de rodaje. También trabajaron Fiorela Tomatis, Cristian Moreira y amigos de la banda. Lo grabamos con una cámara mini dv y unas luces prestadas. Martín, un fotógrafo amigo, viajo conmigo para ayudarme. Unas diez personas laburando de onda. Era una superproducción sin dinero. Filmamos en la ruta a Esperanza, en la Fundación Birri, en una timba en Santo Tomé y en un boliche de la ciudad.
¿En qué estás trabajando ahora? En una película documental sobre la historia del ferrocarril, su apogeo, destrucción y posible reconstrucción. Una película que denuncia el saqueo y a los saqueadores del patrimonio publico, en especial el de los trenes. Pino recorrió el país filmando en distintos talleres ferroviarios abandonados, pueblos fantasmas, etcétera. Hace unos meses estuvimos en Laguna Paiva y también en la Estación Belgrano de Santa Fe. Se puso loco cuando se entero que la vendieron para instalar un shopping. Porque la película demuestra factiblemente como se puede recuperar un ferrocarril que llegue a todos los puntos importantes del país, al contrario de lo que quieren hacer con el Tren Bala. Y lo de la estación es la demostración de que la gente perdió la esperanza de volver a tener ferrocarriles o que directamente no le importa.
Como toda peli: THE END. |
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