Pasión por la química
Resuelta y con una prestancia que no coincide con la corta edad que tiene, Daniela Vallejos (18 años) le relató a O sea cómo fueron sus inicios en la química, cómo fue naciendo su entusiasmo por esta ciencia, y su experiencia en las distintas olimpíadas nacionales con un broche de oro final: medalla de bronce en las Olimpiadas Iberoamericanas de Costa Rica 2008. Cabe destacar que fue la única participante del interior del país.
 
¿Cómo surge tu pasión por la química?
Empecé el secundario en Laguna Paiva y al momento de elegir el polimodal, sabía que luego quería seguir farmacia, cuando terminase el secundario. Entonces empecé a buscar en colegios de Santa Fe alguno que esté orientado a la química, para así tener una base para después seguir mi carrera. En la búsqueda fui a conocer la escuela Pizarro y me encantó, sobre todo los laboratorios. Y decidí anotarme. Empecé primero del polimodal y me anoté en las olimpíadas de química sin conocer mucho, pero ya me gustaba pese a que recién empezaba a conocer la materia. Ni en la primaria, ni en la secundaria de Paiva tenía química, pero siempre me sedujeron las ciencias exactas y naturales y por ese lado, sabía que mi objetivo era luego seguir la carrera de farmacéutica. Luego, con el paso de los años cambie de profesión, no voy a seguir farmacia.
En primer año pasé un par de certámenes en las olimpíadas, pero como todavía era todo muy nuevo no pude llegar a la final. El segundo año, en 2006, también participamos junto con otros compañeros y los “profes” de la escuela, como un grupo de estudio.

¿Quiénes te incentivaron?
Los profesores de la escuela: Roberto Carribale y Daniel Larpin, quienes nos ayudan en las olimpíadas, a estudiar fuera de hora y hasta los sábados. Y la familia que me sigue a donde voy, se aguanta todo. Este año tuve que mudarme a Capital Federal, hubo muchos cambios y muchas cosas nuevas.

¿Cómo fueron tus primeras olimpíadas?, ¿Cómo fue la preparación?, ¿Cuál es el nivel de exigencia?
Las primeras que hacés son las nacionales. Las Olimpíadas Argentinas son todos los años, comienzan en julio y constan de ir superando certámenes. Certamen colegial, intercolegial, zonal y finalmente, nacional. Éste último es el de cierre, donde se dan premiaciones y entrega de medallas.
La preparación es bastante exigente, abarca muchísimos temas y hay distintos niveles según el conocimiento que tengas. Tenés que ir resolviendo problemas, muchas prácticas, y el nivel es muy exigente. No es acorde con la secundaria, es un poco más avanzado. No te podés quedar con lo que das en la escuela, sobre todo en la complejidad de los temas. Con uno fácil te pueden hacer problemas muy complejos, donde tenés que pensar y estar un poco más adelante para poder resolverlo. Es decir, la solución no está explícita. Cuando estás en un nivel de tercero polimodal, lo que sería sexto año, la exigencia es de un universitario.

¿Qué sacrificios tenés que hacer?
En el nacional del año pasado (2007) ingresé entre los mejores 22 exámenes del país, lo que me permitió quedar elegida en una preselección para competir en olimpíadas internacionales. De 400 alumnos que llegan al certamen nacional, alrededor de 100 serán premiados con medallas. De los niveles más altos, llaman a los 22 mejores exámenes y los convocan en la Universidad de Buenos Aires, para entrenarlos y seleccionarlos. De eso se eligen cuatro que viajan a las internacionales y otros cuatro para iberoamericanas (que este año fueron en Costa Rica), que es en lo que participé. 

Con 17 años pasé de Laguna Paiva a Capital Federal, y fue un cambio muy grande. Uno pasa a estar sola y completamente independiente, te tenés que conseguir una residencia. Los organizadores te dan una beca pero el resto te encargas vos. Me busqué una residencia estudiantil, allí era comprar mis cosas, cocinarme, lavarme la ropa, estudiar, cursar, aprender a moverme en la ciudad, hubo que madurar bastante. Tuve desde acá todo el apoyo, pero en Buenos Aires estaba sola.

¿Cómo están coordinadas las olimpíadas? ¿Cómo está posicionada la Argentina con el resto del mundo en la especialidad? 

El programa Olimpíada Argentina de Química está financiado por el Ministerio de Educación de la Nación, está promovido por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Allí hay un equipo de profesores que dan clases en la misma facultad, que se encargan del entrenamiento de los jóvenes para las internacionales y son quienes a su vez, arman los problemas para las nacionales. Son profesores específicos de cada área, uno de orgánica, uno de analítica, uno de termodinámica. A su vez tenemos profesores especialistas de laboratorio. 

Argentina es uno de los mejores países de Latinoamérica por su nivel en la materia. En el orden internacional tiene muy buena reputación, pero es difícil competir con otros países que tienen mucha más tecnología y son más desarrollados, como es el caso de Japón, algunos países de Europa, y obviamente Estados Unidos. Otra característica de estos es que invierten mucho capital en investigación.

¿Qué metas te planteas para el futuro?
Ahora viene mi carrera. Voy a estudiar Licenciatura en Química. Lo que hace mucho tiempo era mi meta. Primero estaban las nacionales, pude conseguir una medalla el año pasado. Al quedar seleccionada y éste ser mi último año del secundario, quería retirarme con una participación internacional. Ahora que tengo mi medalla– y muestra con orgullo la medalla de bronce de las Olimpiadas Iberoamericanas de Costa Rica 2008 colgada en su pecho- ya no me falta más nada.

¿Cuál es la enseñanza que te deja esta pasión?
Si se quiere, se puede. Todo se dio con mucho esfuerzo, nada me cayó de arriba. Al principio es como un sueño, porque cuando empecé con las olimpíadas era llegar al nacional y en un momento llaman a los chicos de las internacionales a subir al escenario y todos los de las nacionales los halagamos y dijimos guau (sic). Me dije: que bueno sería estar ahí, que todos te reconozcan y representar al país. Ese era un sueño que este año se me pudo cumplir.
Te das cuenta que con mucho esfuerzo y con ganas se puede llegar tranquilamente a lo que uno quiere. Vale la pena jugarse. Siempre me puso muy feliz hasta dónde llegue, pero midiéndome a mí misma. No todos pueden de igual manera y tienen las mismas posibilidades.

El mensaje que dejan sus palabras es claro. Mucho esfuerzo, mucha constancia y tener siempre por delante un sueño y una meta por alcanzar. Dedicación y sobreponerse a todo son requisitos elementales en la búsqueda del éxito. Roberto Carribale, su profesor de la Escuela Pizarro, destaca que Daniela nunca se da por vencida. Pese a que en la actualidad tiene éxito, en un comienzo no le fue tan bien y logró progresar. Es un ejemplo a seguir.


Especia para O Sea - Lucas Fenoglio
fenogliolucas@hotmail.com






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