| Instantes eternos... sobre las tablas |
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Ma. Raquel Gutiérrez
raque_gutierrez@hotmail.com
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| El pasado 17 de Mayo se presentó en el Teatro Municipal, “RETROVISOR. Mirada Beatle”, una obra de danza jazz - contemporánea interpretada por “El Pie Grupo de Danza”, bajo la dirección artística y coreográfica de Milagros Betemps. Ma. Raquel Gutiérrez es una de sus intérpretes y nos cuenta como fue presentar dicha obra. |
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Detrás del telón cerrado, sobre las tablas, un grupo de pies entrenan para salir a escena. El tenue murmullo del público va colmando la Sala. Todo está listo: los rostros maquillados, el pelo impecable, el vestuario, las luces, la escenografía, los elementos preparados. Movimientos improvisados preparan al cuerpo para la danza. Nervios, voces, sonrisas, el aliento de quiénes han estado cerca.
En instantes se abrirá el telón. Es que “RETROVISOR. Mirada Beatle” va a comenzar a nacer. Todos estos meses, entrenando en la semana, ensayando sábado tras sábado, coordinando pasos, contando tiempos, estructurando formas, uniendo esfuerzos, contagiando ganas, organizando lo imposible, despertando sonrisas, separando tristezas a todos esos momentos, saldrán a la luz en un instante y se convertirán en un solo, aquél en que todo pasa tan de repente.
A punto de empezar, un extraño encuentro de sensaciones nos embarga. Nos reunimos en ronda enlazando nuestras manos, un rito antes de cada función que nos brinda confianza mutua, fuerza y nos carga de energía. Es el momento de serenarnos y concentrarnos. Cruzamos palabras de aliento y nos ubicamos para comenzar.
Las luces se apagan. La atmósfera del escenario se transforma.
Comienza la música y nos transportamos a un tiempo y espacio imaginarios. Sube el telón.
Dejamos surgir el primer movimiento y todo comienza. Los sentidos se despiertan, los nervios desaparecen. Las luces generan un ambiente especial. Sobre el escenario se crea un mundo mágico en el que la imaginación se entrelaza con los movimientos.
a música fluye mientras bailamos. Conectadas con la magia de los Beatles, nos compenetramos con el significado que cada melodía transmite. Por momentos prima la seriedad, en otros la picardía, la diversión o el sentimiento más profundo. Los movimientos acompañan cada situación. La danza deja fluir la energía y las sensaciones que llevamos dentro.
Todo sucede rápidamente.
Sin darnos cuenta, sólo nos queda el final. Nos conectamos aún más como grupo. Los sentidos bien abiertos, nos unimos en una emoción profunda... La piel se estremece mientras vamos dejando el escenario... Escuchamos los aplausos.
Las luces de la Sala se encienden y salimos a saludar. Es recién entonces cuando podemos ver directamente al público, incluso reconocer algunos rostros. Lo que ellos nos devuelven es gratificante. Todo lo que preparamos es para hacerlos partícipes de este mágico universo que construimos con mucho esfuerzo durante tanto tiempo, y que dejamos escapar en apenas unos instantes. Estos momentos de cara al espectador nos van conectando con la realidad. Son largos minutos de disfrute y regocijo.
Baja el telón.
Tras bambalinas, voces de júbilo inundan el espacio. Caras conocidas se unen a los festejos, en muchos de ellas hay lágrimas de emoción. Nuestros sentimientos de alegría y satisfacción se mezclan con una extraña sensación de vacío, por sentir que acaba de esfumarse este mundo imaginado que creamos juntas.
Compartimos una extraña percepción del tiempo: varios meses preparando aquello que parece haberse escapado en un suspiro. Sin embargo, predomina la emoción de sentirnos parte de esta mágica creación, aunque sea por instantes eternos que se quedarán en nuestros corazones. Y por la alegría de pertenecer a este grupo que se formó en el corazón de nuestra Escuela de Danza, la que nos vio crecer desde muy chiquitas. Un grupo que se transformó, de algún modo, en una gran familia que se identifica con una pasión en común, el sentimiento de bailar que es “a soñar con los pies”. |
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