Viaje a las islas
El periodista Juan Vittori viajó en 2008 a Malvinas y recorrió las islas tomando fotos y videos. Pudo conversar con los kelpers, visitar museos y los campos de combate y visitó el Cementerio de Darwin, donde descansan en paz los cuerpos de 230 soldados argentinos caídos en la guerra. En esta entrega Juan relata con detalles cómo fue que nació la posibilidad de viajar a Malvinas y a modo de bitácora de viaje narra la experiencia vivida.
 
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Soberanía
El tema de viajar a las islas fue algo que se le presentó a mi padre, Manuel Vittori, durante una cena con amigos. Ahí conoció a un matrimonio de Esperanza, Ricardo Buffet y su mujer Babi, quienes le comentaron que pensaban viajar a las islas. Charlaron sobre el tema y se mantuvieron en contacto para ir organizando un viaje juntos. Yo me sumé al grupo un tiempo después, cuando la mayoría del itinerario se encontraba armado. Mis ganas de viajar crecieron exponencialmente cuando me informaron que me autorizaban a poder filmar sin problemas en las islas.

El viaje duró en total una semana, del 8 al 15 de noviembre de 2008, y pudimos recorrer gran parte de las islas y los lugares que fueron campos de batalla.

Requisitos para viajar

Lo más importante que hay que tener en cuenta, para aquellos que quieran visitar las islas, es que no se necesitan grandes requisitos para poder ir. Se debe contar con el pasaporte en regla, el pasaje de vuelta, hospedaje y servicios contratados, fondos suficientes para cubrir la estadía en las islas, un seguro médico que incluya Evacuación Sanitaria, con cobertura total de 200.000 dólares y pagar un impuesto de salida en el aeropuerto local de 22 libras esterlinas.

Para no tener inconvenientes, hay que dejar cualquier acto de patriotismo de lado y no usar los nombres argentinos en las islas ni mostrar banderas o símbolos patrios. Esto no sólo sirve para ahorrarse problemas, sino que además ayuda a no perjudicar la estadía a los argentinos pudiesen viajar después que uno. Hay que tener en cuenta que quien genera algún conflicto es detenido en el aeropuerto militar por el tiempo que queda de viaje y luego enviado de regreso en el próximo avión.

Simplifica la estadía hablar inglés o por lo menos entenderlo. De todas formas, en la isla hay guías que hablan español y muchos chilenos que pueden dar una mano.

Otra cuestión a tener en cuenta es que el clima de las islas cambia constantemente, por eso es recomendable ir vestido "en capas" para pasar por las distintas condiciones climáticas.

Antes y después de Malvinas

Visitar el lugar, conocer a la gente y sus costumbres, cambió completamente mi manera de ver las cosas. Tenía temor de encontrarme con un ambiente "anti-argentino". En mi cabeza estaba muy fresco el recuerdo de cómo recibieron a los primeros argentinos que viajaron a las islas después del conflicto del '82; cuando una caravana de isleños persiguió al colectivo que los transportaba con insultos y pancartas.

Sin embargo, desde que pisamos el aeropuerto militar fuimos recibidos de la mejor manera. En todos los lugares que visitamos la gente fue muy cálida con nosotros y abierta al diálogo. Pudimos ver cómo cuidan y trabajan la tierra, y como se ayudan entre ellos para cumplir distintas tareas. Los que habitan las islas tienen toda su historia en esas tierras, nacieron y tienen sus parientes enterrados ahí. Están muy lejos de ser ese estereotipo que me enseñaron desde chico, que los muestra como una colonia invasora que nos quito las tierras en 1833.

El viaje, día a día

Llegamos desde Aeroparque a Río Gallegos. Es en el aeropuerto de la ciudad, que una vez al mes, un vuelo de LAN Chile hace escala para recoger pasajeros y volar hasta Malvinas. Allí nos encontramos con un grupo de ex combatientes argentinos que viajaban a las islas acompañados por amigos y familiares. Con ellos nos quedamos charlando un rato largo mientras esperábamos el avión, aprovechamos para compartir expectativas del viaje e intercambiar correos y datos personales para seguir en contacto.

Subir al avión fue para mí la parte más difícil del viaje, ya que no sabía con qué me iba a encontrar adentro. Al ingresar, el silencio de la cabina fue conmovedor; todos nos miraban caminar por el pasillo del avión pero nadie decía nada, pero nadie nos insultó, ni nos maltrató.

Entendimos ese comportamiento recién cuando llegamos al aeropuerto militar de Mount Pleasant donde nos comentaron que el avión estaba lleno de ex combatientes británicos que viajaban a las islas para conmemorar el 14 de noviembre, día en el que los ingleses recuerdan todas las batallas en las que participaron durante su historia.

Ni bien llegamos abordamos una avioneta F.I.G.A.S. (Falkland Islands Government Air Service), que nos llevó a nuestro primer destino: Puerto Howard. Este lugar se encuentra en la parte norte de la Isla Oeste o Gran Malvina. Es un atractivo establecimiento, de 80.000 hectáreas, donde habitan cerca de 30 personas que se dedican a la cría de ovejas y ganado. Allí pasamos dos noches hospedados en el Logde de Port Howard, una casa de los años 50 que es atendida por sus dueños Susan Lowe y Wayne Brewer.

Además de ver cómo se cuida el ganado y se esquilan las ovejas, en este lugar se puede visitar un pequeño museo de la guerra, donde se conserva armamento y equipamiento de los soldados argentinos que estuvieron allí durante el conflicto.

En una excursión nos llevaron a ver los restos de dos aviones argentinos derribados en las primeras semanas de la guerra, los Skyhawk C-404 y C-403. Lo que más nos llamó la atención es que los restos estuvieran en perfectas condiciones, con su pintura original y casi sin óxido, a pesar de que hace más de 27 años que están allí. También en este recorrido nos mostraron varias colonias de pingüinos Gentoo o Papuas.

En el próximo destino pasamos una noche en la Isla de Sea Lion. Este lugar de tan sólo 8 kilómetros de largo y un poco más de un kilómetro y media de ancho, es uno de los sitios favoritos para la observación de la vida silvestre. Ahí nos hospedamos en Logde de Sea Lion, el único edificio en las islas. Tuvimos total libertad para movernos y recorrer la isla a nuestro antojo. Sobre las playas de arenas blancas pudimos ver gran cantidad de elefantes y leones marinos, conviviendo con en armonía con una gran variedad de aves y tres especies distintas de pingüinos. En Sea Lion se encuentra el monumento a los soldados muertos en el hundimiento del buque Inglés H.M.S Sheffield, así como también la tumba de una mujer civil de las islas, que falleció en uno de los ataques durante la guerra.

El cuarto día emprendimos el vuelo hacia la capital de las islas, Stanley, y allí permanecimos el resto de los días hospedados en el Hotel “Malvina” (llamado así en homenaje a la hija de su anterior dueño). Al llegar pudimos salir a caminar y conocer los alrededores. Nos llamó mucho la atención la limpieza y la prolijidad del lugar. Ahí pudimos conocer varios monumentos como la casa del gobernador, restos de naufragios antiguos y las casas antiguas del lugar. Camino al cementerio nos topamos con los restos de una tanqueta Panhard del ejército argentino, que un isleño había rescatado de un campo y que estaba en pleno proceso de restauración. Al primer día de visita de la capital lo cerramos tomando unas cervezas en la taberna “The Globe” y pudimos conversar con su dueño que tenía guardado varios recuerdos de la guerra.

Al otro día nos encontramos con nuestro guía, Tony Heathman, quien nos llevó en su camioneta 4x4 a visitar distintos lugares. Fuimos hasta Fitzroy donde están los monumentos en honor a los soldados muertos en el ataque al Sir Galahad y al Sir Tristram llevados a cabo por aviones Skyhawk argentinos. Visitamos un pequeño museo en la zona y más tarde, Tony nos llevó a ver los restos de dos helicópteros argentinos: un Chinook y un Puma.

Seguimos el recorrido atravesando zonas muy complicadas y llegamos al lugar donde habían estado las posiciones de artillería inglesas. No impresionó ver la cantidad de cajas vacías de proyectiles y de cargas explosivas que todavía se conservaban en la zona y hasta puede leerse las indicaciones grabadas en las cajas, también están los anclajes que sostenían los cañones en su lugar. Trepamos aún más con la camioneta y llegamos a la cima de los montes Dos Hermanas y Harriet. Nos encontramos con varias trincheras argentinas, cartuchos de munición, una posición de radio destruida, zapatillas, ropa, elementos de limpieza y hasta los restos de una lapicera Bic.

En nuestro quinto día, nos llevaron a conocer Punta Voluntario donde visitamos la colonia de pingüinos Rey que es la segunda especie más grande del mundo.

El penúltimo día fue el más emotivo de todos porque nos reunimos con Gerald Cheek, un ex guardia de defensa civil de las islas que nos llevó a San Carlos. Ahí vimos el muelle abandonado donde en 1982 desembarcaron las tropas inglesas para recuperar el control de las Islas Malvinas.

Pasando el muelle, una bandera inglesa flamea en el cementerio de San Carlos donde descansan los restos de los soldados que murieron durante la contienda. A diferencia del cementerio Argentino, las tumbas son pocas, ya que la mayoría de los familiares llevaron los restos de los soldados a Inglaterra y también visitamos un pequeño museo que tiene una sección dedicada a la guerra.

Más tarde hicimos escala en Goose Green y recorrimos los campos de batalla, donde casi no quedan rastros del conflicto, a excepción de unos galpones con las siglas POW (Prisioner of War), donde estuvieron detenidos los soldados argentinos luego de la rendición.

Cementerio argentino

En el camino pasamos una pequeña tormenta, pero el cielo se despejó justo cuando llegábamos al cartel que indicaba que estábamos arribando al cementerio argentino. En ese momento, fue inevitable que se me erice la piel al ver las 238 cruces blancas donde descansan nuestros soldados.

Recorrer ese lugar, fue lo que más me marcó del viaje, fue como tomar conciencia de lo importante de ese conflicto. En algunos casos se pueden ver muchas tumbas de soldados no identificados, pero lo que más impresionó fueron algunas tumbas donde en las placas figuran los nombres de 4 o 5 soldados argentinos, muertos durante algún bombardeo. En ese momento no habían sido inauguradas las obras de remodelación del lugar, que cambiarían lo que mostraban fotografías tomadas después de la guerra.

Antes de volver y para despedirnos de las islas, una lugareña nos invitó a comer a su casa. Revivimos algunas anécdotas del viaje y ella nos contó los recuerdos que tenía del '82. Fue una noche sumamente agradable que, seguramente, ninguno de los que viajamos vamos a olvidar.

Impresiones

Hay muchos recuerdos que hoy regresan a mi memoria. Uno es la visita al cementerio argentino. Mientras lo estábamos recorriendo, llegó una camioneta con ex combatientes británicos; se bajaron y cada uno fue rindiendo honores frente a las cruces de los soldados argentinos. Fue algo inesperado y emocionante.

Otro fue una noche en el hotel de Stanley, cuando terminé de cenar y fui a la puerta a participar de una charla entre ex combatientes argentinos y británicos. Pude -dentro de mis limitaciones con el inglés-, hacerles de traductor. El respeto ante el intercambio de experiencias, en el que algunos no tuvieron miedo en dejar caer las lágrimas, me emocionó de un manera inesperada.

También me llamó mucho la atención la cantidad de campos minados que todavía están activos en las islas. En todos los lugares que visitamos hay grandes extensiones de campos con el cartel de “Peligro, Minas”, plantados por las tropas argentinas mientras esperaban el ingreso de las tropas inglesas. Parece mentira que después de tanto tiempo todavía estén allí.

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