El idioma un gran desafío
Esteban Grippaldi y Carla Davico viajaron a Brasil por un intercambio estudiantil. Ellos tuvieron que convivir sin su familia, sin sus amigos, en un país extraño y encima con otro idioma. Esteban y Carla nos cuentan su experiencia, como a pesar de todo se pudieron comunicar y aprender el portugués.
 
En cuanto al idioma portugués, fue un gran desafío que cada uno tuvo que vivir e intentar aprender en el día a día a su manera. No era requisito saber el idioma para presentarse a la beca. Por lo que muy pocos “intercambistas” llegaron a Belo Horizonte sabiendo el portugués, sino que la mayoría se agarro la cabeza más de una vez, al creer que había entendido una frase y resulto ser todo lo contrario a lo que había “entendido”. 

Las primeras semanas, el primer mes, verdaderamente fue un gasto tremendo de energías al intentar entender alguna palabra de lo que la gente hablaba en la calle, en la facu, o en el cole y peor aún si querían entablar una conversación con nosotros. Más de una vez tuvimos que desistir diciendo “discúlpame, pero no te entiendo” y seguido de eso, la famosa frase que todo “intercambista” decía muchas veces por día e intentando justificarse en muchas cosas: “Eu souestrangeiro” (Yo soy extranjero). 

Del mismo modo y con la misma personalidad con la que elegimos presentarnos a la beca, decidimos viajar al extranjero por 6 meses y estábamos obligados a intentar hablar el idioma nativo del país tropical. Digo intentar pero fue más que eso, fue más que un esfuerzo. Sin embargo fue realmente hermoso, la gente de Brasil es muy amable y la mayoría nos ayudaba con el idioma. En algunos lugares nos favorecía el no hablar el mismo idioma, pero en otros era realmente frustrante. Como en las primeras cátedras, a demás de ser el “bicho raro” de la clase, no poder entablar una conversación con los compañeros era realmente feo. 

Algunos hicieron cursos de portugués que la misma universidad dictaba para los extranjeros, pero tenía un costo elevado por lo que varios no lo hicieron. Independientemente de eso, el entorno era el mismo para todos, todo era en portugués. Aunque vivíamos entre “intercambistas” hispano hablantes, estábamos obligados a practicar la lengua en esos momentos en que estábamos solos, es decir solos con gente brasilera, desconocida y que hablaba en portugués. 

Innumerables anécdotas tiene cada “intercambista” en cuanto al idioma, como por ejemplo al pronunciar tan mal una palabra, estar diciendo una mala palabra, sin saberlo. Y andar diciéndola por todos lados, hasta que alguien se atreve a explicarte ¡Que vergüenza! O lo típico, o más común fue copiar las palabras que mas usaba la gente, pero al no saber el significado, estar deduciendo entre los “intercambistas” cuando usar o cuando no usar esa determinada palabra. 

Con el pasar de los meses, el idioma dejo de ser un problema y se torno algo cotidiano, algo lindo. No porque ya lo sabíamos hablar bien, si no porque otras cosas se ponían en primer plano. Cada uno se daba cuenta que sin querer el idioma se apoderaba de nuestras bocas y la gente nos entendía cuando le hablábamos. Tan gratificante era cuando los mismos compañeros de cátedras te felicitaban y se asombran del avance en la fluidez al hablar, eso que antes lo veíamos como imposible, ahora era algo normal. 

Tan normal, y tan incorporado lo tuvimos al idioma que en los últimos viajes que realizamos como turistas dentro de Brasil, la gente nos creía Brasileros, hasta nos decían mineiros, por esa “tonada” inevitable que se nos pegó por vivir en Minas Gerais. Del mismo modo, a todo lugar al que íbamos podíamos notar la diferencia de quienes hablaban bien y quienes no. Por ejemplo, los mismos guías turísticos creen que hablan bien por el solo hecho de vivir en Brasil en temporada. Eran pequeñeces que nos hacían dar cuenta de que el esfuerzo de los primeros meses con respecto al idioma, había dado sus frutos. 

Pero lo mas importante o donde se ven los verdaderos frutos es en el “pos-intercambio”, el que ahora a cada “intercambista” le toca vivir, en su entorno, en su ciudad, en su interior. Y es el mismo“pos-intercambio” el que nos evidencia el amor que sentimos por ese portugués que inevitablemente aprendimos. 

Esa necesidad de hablar con quienes dejamos allá, leer o escribir en portugués, de escuchar música de Brasil, y mas precisamente esas ganas de estudiar el idioma en una academia para rendir el examen internacional de portugués (Celpe-Bras), son fieles evidencias de que el idioma no fue un problema, sino un hermoso desafío.

Esteban Grippaldi , 23 años, estudia Licenciatura en Sociología en la Facultad de Humanidades y Ciencias y Carla Davico 22 años, estudia Licenciatura en Biodiversidad en la Facultad de Humanidades y Ciencias.
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